29 de enero de 2012

La bancocracia globalizada

.
Por Alejandro Horowicz
Periodista, escritor y docente universitario

Funcionarios del sistema bancario se hacen cargo de la “administración económica” bajo el neutral ropaje de especialistas sin partido, más allá de que hayan sido votados por los ciudadanos
.


Un postulado axiomático aceita el funcionamiento de la política globalizada: Cuanto más poderoso es el sistema financiero internacional más débil es el marco normativo de la regulación política, menor importancia tiene el orden institucional vigente (la calidad de las instituciones se vuelve una “formalidad” que ya no se tiene demasiado en cuenta) y, por cierto, la calesita electoral arrima “soluciones” que se someten, sin debate publico, al interés del capital financiero.

Por tanto, funcionarios del sistema bancario se hacen cargo de la “administración económica” bajo el neutral ropaje de especialistas sin partido, más allá de que hayan sido votados por los ciudadanos. Dicho con brutal desparpajo: la democracia constitucional en Europa pasa de ser el sistema donde la mayoría “decide quién decide” al orden donde el parlamento sustituye la voluntad soberana del pueblo, y los bancos condicionan –para poder cobrar sus acreencias– el uso de los instrumentos de la política económica. La degradación de lo que Europa constituyó a través de su historia como orden político (desde el ágora griega, pasando por la Revolución Francesa, hasta el Parlamento Comunitario), gana el centro de la escena; y la nueva abre paso a la más horrible de las distopías: la bancocracia mundial, un sistema que sin la menor contemplación lleva adelante el ajuste a escala planetaria, sin mayor resistencia política popular.

Dicho de otro modo, en el nuevo programa global el único interés legítimo es el bancario, y los otros sólo se consideran si no contraviene su necesidad estructural. Por eso discursivamente adopta la siguiente formulación: “El capitalismo no funciona sin bancos.” Entorpecer ese interés equivale a trastada anticapitalista infantil, ya que no existe ningún después del capitalismo, puesto que se constituye en verdadero fin de la historia. Ya no se trata de la vieja hipótesis hegeliana que Francis Fukuyama, politólogo conservador norteamericano, pusiera en boga en los años ochenta, sino de un límite intraspasable. Nadie, mejor dicho, nadie socialmente significativo, imagina otra cosa. Las fobias más primitivas (desconfianza al extranjero, use o no chador; racismo explícito, bajo la forma de defensa de los puestos de trabajo; retroceso de la laicización de la sociedad civil, tanto en la conquistas feministas como el derecho al gobierno del cuerpo por parte de las mujeres; la insoportabilidad de la diferencia, en todos los sentidos posibles, desbasta los contenidos de la democracia formal) antes condenadas a integrar bolsones desprestigiados de la política, reconquistan su derecho al “libre examen”. En uno de los extremos la pregunta sobre los “errores de Hitler” se abre paso. En el otro, se trata de saber cuántos europeos están dispuestos a volverse chinos ¿Y qué clase de orden social sería ese a la postre?

Tanto Grecia como España, en el ínterin, avanzan hacia un “ajuste sin anestesia”, que ya se ejecutara en Irlanda, lo que supone que las vallas de contención que el estado de bienestar había construido, y que todavía sobreviven malheridas, serán definitivamente eliminadas. Esa es la señal que envía Mariano Rajoy a los mercados cuando congela el salario mínimo. Es decir, desreferencializa la estructura salarial de los demás precios que se transan en el mercado, y al hacerlo la política de reducción del salario real –que en la Unión Europea era casi una desconocida– reingresa a caballo del encrespamiento de la crisis, como eje de la “nueva solución” conservadora.

El círculo virtuoso, de cumplirse, debiera permitir a los Pigs (Portugal, Irlanda, Grecia y España, por sus iniciales en inglés) acceder a un financiamiento más acorde con sus posibilidades de repago. Sin embargo, nada de eso viene pasando, cada día las tasas de interés son más elevadas, las calificadoras de riesgo –más allá de alguna frase suelta de Angela Merkel– prosiguen su política de condicionar las decisiones. El gobierno de los mercados es estimulado, mediante la recalificación del rango de seguridad que ofrecen los títulos soberanos de la deuda europea, y cada nueva recategorización hacia la baja justifica el alza de las tasas de interés, ya que el riesgo de no pago aumenta. Es un perro que se muerde la cola: mayor riesgo supone mayor presión de las calificadoras, mayor presión impulsa la suba de las tasas de interés, y el aumento de las tasas indudablemente incrementa el riesgo. El torniquete se termina de ajustar y el plano inclinado de la situación se desplaza sin resistencia política, no estoy diciendo sin protesta, por esta calle de mano única.

LA SITUACIÓN ARGENTINA. El orden político que la sociedad argentina construyó como respuesta a la crisis del ’30 y a la II Guerra Mundial, fue destruido entre 1975 y 2001. Los partidos populares fueron vaciados y ganara quien ganara entre 1983 y 2001 daba igual. Los mismos funcionarios hacían lo mismo desde el quinto piso del Palacio de Hacienda. Con Carlos Menem o con Fernando De la Rúa, la política de Domingo Cavallo siguió su ruta hasta el estallido, la democracia de la derrota nos arrimó el que se vayan todos. No se fueron; para remplazarlos es preciso reconfigurar el orden político, transformar esas “cáscaras vacías” en organismo vivos; y los remedos de militancia setentista, en nueva dinámica política; y los disvalores menemistas del sálvese quien pueda deben leerse con criterio más realista: nadie se realiza en una sociedad que no se realiza, ningún orden posee lo que no le garantiza a tod@s sus integrantes. El horizonte country no sólo resulta cínico e insensible, sobre todo es estúpido e incapaz, ya que no permite resolver nada porque no se propone tal cosa.

La labilidad del orden político nacional –para los lectores de esta columna– no es precisamente una novedad, y la salud de la presidenta en consecuencia resulta un dato político relevante. En este contexto los intercambios entre la CGT y el Poder Ejecutivo cobran un nuevo cariz. Las direcciones sindicales de los trabajadores no son su conducción política, pero representan sus intereses inmediatos. Las condiciones en que los trabajadores defienden sus salarios, con la lógica de las paritarias, es adecuada; las paritarias deben ser el escenario donde dos intereses antagónicos –de los empresarios, de los trabajadores– faciliten una resultante eficaz: una nueva matriz para la distribución del ingreso nacional.

La democratización de la actividad sindical no sólo es un valor abstracto, sino un instrumento político concreto. La democracia sindical impone un reparto de la torta más igualitario, y por tanto, la ganancia empresaria no puede ser sino resultado de una política de inversión sostenida. Sin incrementar la productividad social del trabajo, mediante nuevos equipos que remplacen los obsoletos, el principal recurso de la ganancia empresarial sigue siendo la disminución del salario obrero. Ese modelo puede salvar el negocio de un patrón marginal, pero de ningún modo contiene una salida sudamericana. Por eso la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, impulsa el piso salarial hacia arriba, mientras Rajoy hace exactamente lo contrario. Esos instrumentos los conoce sobradamente la sociedad argentina, y sus consecuencias también.

Por eso los conservadores de toda laya prefieren “burócratas corrompidos” en lugar de sindicalistas representativos, y por eso los defensores de una política más popular exigen poner fin al reinado de los sobrevivientes del menemismo sindical. En derredor de esa batalla la sociedad argentina reconstruirá un orden político democrático; orden donde el márketing electoral vuelva a ser remplazado por la estrategia política, y donde la confección de un nuevo programa sudamericano reoriente el provincialismo de las constelaciones partidarias organizadas en torno a una figura nacional.

En esa dirección marchamos, nos impulsa la crisis global.

Tiempo Argentino-02/01/12
.

14 de diciembre de 2011

Los banqueros, los dictadores de Occidente

.

"...Goldman Sachs y el Banco Real de Escocia son los Mubarak y Ben Alí de Estados Unidos y Gran Bretaña, que devoraron la riqueza de los pueblos mediante tramposas recompensas y bonos para sus jefes sin escrúpulos a una dimensión infinitamente más rapaz que la pudieron imaginar los codiciosos dictadores árabes..."


Por Robert Fisk

Debido a que debo escribir desde la región que produce más frases hechas por metro cuadrado que cualquier otro "tema", quizá debería hacer una pausa antes de lamentarme por toda la basura y estupideces que he leído sobre la crisis financiera mundial. Pero voy a abrir fuego. Opino que los reportes sobre el colapso han caído más bajo que nunca, al grado de que ni la información de Medio Oriente se difunde con la clara obediencia que se rinde a las mismas instituciones y a los "expertos" de Harvard que colaboraron para crear este desastre criminal mundial.

Iniciemos con la llamada "primavera árabe", que es en sí una grotesca distorsión verbal de lo que en realidad es un despertar árabe-musulmán que está sacudiendo a Medio Oriente; y los sucios paralelismos que se establecen entre estos movimientos y las protestas sociales en las capitales occidentales. Se nos ha engañado con los reportes de los pobres y los que no tienen que "han tomado una página" del libro de la "primavera árabe", sobre la forma en que fueron derrocados los regímenes de Egipto, Túnez y, hasta cierto punto, Libia, y de cómo esto "inspiró" a estadunidenses, canadienses, británicos, españoles y griegos a manifestarse masivamente. Pero todo esto es absurdo.

La verdadera comparación ha sido inventada por los periodistas occidentales, siempre ansiosos por exaltar las rebeliones contra los dictadores árabes mientras ignoran las protestas contra los gobiernos "democráticos" de Occidente. Siempre desesperados por sacar de contexto las manifestaciones para sugerir que simplemente se deben a una moda originada en el mundo árabe. La verdad es algo distinta.


Lo que llevó a decenas de miles de árabes a las calles, y que después se volvieron millones en las capitales de Medio Oriente, fue la demanda de dignidad y la negativa a aceptar a las dictaduras de familias locales que son, de hecho, dueñas de estos países. Los Mubarak, los Ben Alí, los Kadafi, los reyes y emires del golfo y Jordania, y los Assad, todos ellos creían tener derecho de propiedad sobre naciones enteras. Egipto pertenecía a Mubarak Inc., Túnez a Bel Alí Inc. (y a la familia Traboulsi), Libia a Kadafi Inc. Los mártires de las dictaduras murieron para constatar que sus países pertenecían a los pueblos.


Este es el verdadero paralelismo con Occidente. Ciertamente los movimientos de protesta son contra las grandes corporaciones, en una causa perfectamente justificada, y contra los gobiernos. Lo que han descubierto los manifestantes, de manera algo tardía, es que durante décadas han sido engañados por democracias fraudulentas, que votan abnegadamente por partidos políticos que, después de triunfar en las urnas, entregan el mandato democrático y el poder popular a bancos, comerciantes y agencias calificadoras, todas ellas respaldadas por un coto de negligentes y deshonestos "expertos" de las más costosas universidades estadunidenses y think-tanks, que mantienen la ficción de que existe una crisis globalizada, en vez de una treta masiva contra los electores.

Los bancos y agencias calificadoras se han vuelto los dictadores de Occidente. Igual que los Mubarak y los Ben Alí, los bancos creyeron –y siguen creyendo– que son dueños de sus países. Las elecciones que les han dado poder, gracias a la cobardía y complicidad de los gobiernos, se vuelven tan falsas como los comicios en los que los árabes eran obligados a participar, década tras década, para ungir como gobernantes a los propietarios de sus países.

Goldman Sachs y el Banco Real de Escocia son los Mubarak y Ben Alí de Estados Unidos y Gran Bretaña, que devoraron la riqueza de los pueblos mediante tramposas recompensas y bonos para sus jefes sin escrúpulos a una dimensión infinitamente más rapaz que la pudieron imaginar los codiciosos dictadores árabes.-

No fue necesario, aunque me fue útil, ver el programa Inside Job de Charles Ferguson transmitido esta semana por la BBC para demostrarme que las agencias calificadoras y los bancos estadunidenses son intercambiables, que el personal de ambas instituciones se mueve sin trámites entre las agencias, los bancos y el gobierno de Estados Unidos. Los mismos muchachos calificadores (casi siempre varones, claro) que calificaron con triple A préstamos devaluados y sus derivados en Estados Unidos ahora atacan a zarpazos a los pueblos de Europa –mediante su venenosa influencia en los mercados– y los amenazan con disminuir o retirar las mismas calificaciones a naciones europeas, que alguna vez otorgaron a criminales, antes del colapso financiero estadunidense.

Siempre he creído que los argumentos mesurados tienden a ganar las discusiones. Pero perdónenme, ¿quiénes son estas criaturas cuyas agencias calificadoras ahora espantan más a Francia de lo que Rommel lo hizo en 1940?

¿Por qué no me lo dicen mis colegas periodistas en Wall Street? ¿Por qué la BBC, CNN y –ay, Dios– hasta Al Jazeera, tratan a estas comunidades criminales como incuestionables instituciones de poder? ¿Por qué nadie investiga, como ha comenzado a hacerlo Inside Job, estos escandalosos tratos sucios? Todo esto me recuerda la manera igualmente cobarde en que los reporteros estadunidenses cubren Medio Oriente, la forma tenebrosa en que siempre evitan hacer críticas directas a Israel, siempre bajo el poder de un ejército de cabildos pro Likud que explican a los televidentes que la "labor de paz" de Estados Unidos en el conflicto israelí-palestino merece nuestra confianza; y por qué los buenos son los "moderados" y los malos son los "terroristas".

Al menos los árabes han empezado a ignorar estas tonterías. Pero cuando los que protestan contra Wall Street hagan lo mismo, se convertirán en "anarquistas", "terroristas" sociales en las calles de Estados Unidos que exigen que los Bernanke y Gethner enfrenten un juicio como al que se ha sometido a Hosni Mubarak. Nosotros, en Occidente, hemos creado a nuestros propios dictadores, pero a diferencia de los árabes los volvimos intocables.

El primer ministro de Irlanda, Enda Kenny, informó solemnemente a sus compatriotas esta semana que ellos no son responsables de la crisis en la que se encuentran. Ellos ya lo sabían, desde luego. ¿Por qué no les dijo de quién es la culpa? ¿No va siendo hora de que él y los otros primeros ministros europeos nos lo digan, y también de que los reporteros nos lo informen?

© The Independent
Traducción: Gabriela Fonseca
La Jornada, México - 11-12-2012
.

11 de diciembre de 2011

El "gobierno secreto" ...

.

En Estados Unidos, una poderosa oligarquía que manipula desde la sombra la esencia misma del Estado, disponiendo a su antojo de la riqueza financiera del país sin que ninguna institución del Estado sea capaz de someterla.

Utilizando la plancha de billetes indiscriminadamente y creando riqueza de nada, esta elite sin escrúpulos ha arruinado la economía del país y ha creado la más grande burbuja especulativa de la historia, aquella del dólar...


Mediante una solicitud según la ley de libertad de información, el público tiene ahora acceso a más de 29.000 páginas de documentos de la Reserva Federal (Fed) y a 21.000 transacciones adicionales de la Fed que se ocultaron deliberadamente.

Estos documentos muestran que altos funcionarios del gobierno ocultaron intencionalmente al Congreso y al público la verdadera dimensión de los rescates de 2008-2009 que enriquecieron a unos pocos y favorecieron los intereses de gigantescas firmas de Wall Street...

Nota completa: >>>
Seis sorprendentes revelaciones sobre el gobierno de Wall Street
en www.voltairenet.org/es
.

5 de diciembre de 2011

Negocio redondo

.
"... a pesar de que en el Banco Central Europeo están representados todos los bancos centrales de los países europeos, no presta de forma directa dinero a sus gobiernos en aprietos. Tiene prohibido hacerlo, pero sí puede prestar dinero, a un interés del 1,25%, a los bancos privados de esos países.

Lo más patético es que esos mismos bancos que reciben préstamos baratos acuden luego a los mercados financieros para participar en las subastas de bonos de la deuda pública de sus propios países si quieren. Y allí compran esos bonos por los cuales un país como Italia paga ahora hasta un 8%, y España un 6%. De esta manera, los bancos reciben con una mano dinero del BCE prestado a un 1,25% y con la otra mano compran bonos por los que le van a dar un 8% ..."


Nota completa: Europa pide ayuda al FMI
.

29 de noviembre de 2011

Goldman Sachs se apodera de los gobiernos de Europa para salvarse

.
"...A consecuencia de la aparatosa quiebra de MF Global, la octava mayor en la historia de EU y que había apostado a la recuperación de los bonos italianos, el economista Nouriel Roubinialertó sobre una catástrofe de GS (Russia Today, 8/11/11) y su efecto dominó en Wall Street, al unísono de la erosión de la eurozona. Ahora se entiende la desesperación de GS en defenestrar a los gobernantes democráticos de Grecia e Italia e instalar tecnócratas fiscalistas en el poder con el fin de rescatar sus gigantescos créditos bancarios..."

Nota completa en:

http://www.jornada.unam.mx
.

22 de noviembre de 2011

La dictadura de los banqueros

.
"... Lo que comenzó como una crisis monetaria, se transformó en una crisis política, que acaba de provocar dos golpes de Estado. Georges Papandreu en Grecia y Silvio Berlusconi en Italia no han dimitido debido a derrotas electorales, ni siquiera al voto de censura de sus respectivos parlamentos, sino que ambos líderes políticos, eslabones débiles de la cadena de jefes de gobierno de la zona euro, cayeron derrocados por los mercados, es decir, los banqueros y sus diversos instrumentos: los fondos de inversión y las calificadoras de riesgo...


En menos de una semana tres tecnócratas acaban de encarnar y de prestar su rostro a los golpes de Estado de los mercados, confirmando la tesis del filósofo esloveno Slavoj Zizek de que terminó el matrimonio del capitalismo y la democracia..."

Ver >>> Walter Goobar-La dictadura de los banqueros
.

14 de noviembre de 2011

Tecnócratas al gobierno, Goldman Sachs al poder

.
Mario Draghi.
Master de economía del Massachussetts Institute of Technology (MIT). Responsable de las privatizaciones efectuadas en Italia entre 1993 y 2001. Gobernador del Banco de Italia en 2006. De 2002 a 2006 fue vicepresidente para Eruopa de Goldman Sachs, el turbio banco de negocios norteamericano. Acaba de ser nombrado presidente del Banco Central Europeo (BCE).

Lukas Papadimos.
También tiene un master del MIT. Fue profesor de la Universidad de Columbia en Estados Unidos antes de ser nombrado consejero económico de la Reserva Federal en Boston. De 1994 a 2002 fue gobernador del Banco de Grecia, ocupando dicho puesto cuando Grecia fue admitida en el euro gracias a cuentas falsificadas con la ayuda de Goldman Sachs. Más adelante fue vicepresidente del Banco Central Europeo.
Acaba de ser nombrado, bajo presión de la Unión Europa y del G20, primer ministro de Grecia.

Mario Monti.
Es licenciado por la Universidad de Yale. Efectuó estudios sobre el comportamiento de los bancos en sistema monopolístico, y más adelante, entre 1994 y 2004, fue durante diez años comisario europeo. Miembro de la Trilateral y del grupo de Bilderberg, en 2005 fue nombrado consejero internacional de Goldman Sachs. Acaba de ser nombrado senador vitalicio, y, por presión de la Unión Europea del G20, presidente del consejo de ministros italiano.

Ver:
Para "resolver" la Crisis...
Los bancos y los políticos nombran bomberos a los pirómanos
.