28 de octubre de 2009

El Sistema Financiero Mundial y el Crimen Organizado

Se estima que el Crimen Organizado recauda unos 700.000 millones de euros que hay que reinsertar en la economía formal. Para eso las grandes entidades financieras crean diversos paraísos fiscales a través de los cuales realizan esa tarea en distintos lugares del mundo, incluidas las Islas Malvinas.

El “Crimen Organizado Mundial”, es una nueva forma criminal que se ha visto favorecida por el triunfo de la globalización asimétrica. Según fuentes especializadas, la misma “alimenta la economía mundial”, y eso es de una gravedad terrible, ya que estamos viendo los primeros ejemplos en Argentina, de situaciones que en otros países de la región son claves en su economía e imposibilitan su crecimiento.

...

Hoy el Crimen Organizado representa el 5% del Producto Bruto Mundial. En un hipotético ranking de PBI, hoy el top five sería de la siguiente manera: 1º Unión Europea, 2º Estados Unidos, 3º Japon, 4º el Crimen Organizado y 5° China.

La red de “servicios” que abarcan al Crimen Organizado es muy variada: ropa, medicamentos, cosméticos, electrodomésticos, juegos, equipos electrónicos, trata de blancas, armas, juego, emprendimientos inmobiliarios, mas el apetecible y superrentable comercio de droga. Por todos esos conceptos se logra recaudar alrededor de 700.000 millones de euros.

Es indudable que este flujo de dinero tiene que reinsertarse en la economía formal y para ello, las actuales entidades financieras, que por otra parte causaron la crisis de los mercados mas importantes desde el crack de 1930, y en especial las anglosajonas, crean diversos paraísos fiscales y fondos de inversión para poder reinsertar esos dineros generados por la delincuencia mundial. Estos están concentrados fundamentalmente en el Caribe y en nuestra América del Sur en Uruguay y Malvinas. Si nuestras Malvinas, así lo describe un buffet que da información sobre paraísos fiscales en Internet: http://www.ibchouse.com/offshore.htm .

Como podemos apreciar el Crimen Organizado difícilmente sea combatido por este “sistema mundialista”, ya que este solo sirve para sostener a un mundo caótico que asiste de manera perpleja a su propia destrucción ecológica. Los principales culpables se cuentan de a miles, en especial los detentadores de las finanzas mundiales, ya que ellos son los que nos manejan realmente nuestro tiempo profano y mundano, y a través de sus medios de comunicación masivos desvían y confunden a la ciudadanía los verdaderos objetivos, que no son otros que proteger a su sociedad y desarrollarla en consonancia con los intereses nacionales y regionales.

Este tema del crimen organizado debería estar en la agenda de todos los sectores para al menos intentar socavar el poder que acrecientan con el correr de los días y ante la impávida mirada de las autoridades nacionales y mundiales. Y no permitir que con el falso argumento de la lucha contra el narcoterrorismo, el Comando Sur norteamericano se arrogue ser la cabeza visible de esa supuesta lucha y que nos impongan en nuestra región Suraméricana: bases militares, la IV Flota junto a las bases de la OTAN en el Caribe y Malvinas.-

Nota completa del Lic. Carlos A. Pereyra Mele, en
http://licpereyramele.blogspot.com/2009/10/el-crimen-organizado-y-el-sistema.html
.

29 de septiembre de 2009

¿Nuevo Orden Monetario?

El HSBC le dice adiós a la supremacía del dólar
por Ambrose Evans-Pritchard, 20-09-2009
Telegraph.co.uk


El sol se está poniendo para el dólar al tiempo que la ultra-relajada política monetaria de la Reserva Federal de EE.UU. fuerza a China y a las vibrantes economías del mundo emergente a forjar un nuevo orden en materia de moneda global, de acuerdo a un informe del HSBC

"El dólar se parece tremendamente a la libra esterlina después de la Primera Guerra Mundial", dijo David Bloom, el jefe de monedas del banco.

"Todo el cuadro de riesgo-premio para las monedas del mercado emergente ha cambiado. No es tanto que se hayan elevado hacia nuestros estándares, es que nosotros hemos caído a los de ellos. Solía ser que el riesgo soberano era principalmente un tema del mercado emergente pero los eventos del año pasado han demostrado que ese ya no es el caso. Miren al Reino Unido - la deuda esta subiendo rápidamente hasta el 100% del PBI", dijo.

Crucialmente, China y la creciente Asia han alcanzado el punto en donde ya no pueden mantener abajo sus monedas para impulsar las exportaciones porque esto está causando un caos en sus propias economías, avivando burbujas de activos. El "modo de pensar mercantilista" de Asia en décadas recientes está a punto de quebrarse por el espectro de una espiral inflacionaria.

El dolor de cabeza político ya se estaba haciendo claro en la fase final del boom del crédito mundial pero la crisis financiera enmascaró temporalmente el efecto. Las presiones retornarán con una venganza al tiempo que estos países vuelven rugientes a la vida, dejando bien atrás a los Estados Unidos y a otros rezagados del viejo mundo.

Una política monetaria de tasas de interés cercanas a cero - aún más aderezada con facilidades cuantitativas- es completamente incompatible con las circunstancias en la mayor parte de Asia, Medio Oriente, Latinoamérica y África. El divorcio es inevitable. Se espera que EE.UU. mantenga tasas cercanas a cero hasta 2010 para hacer frente a su propia crisis.

Lo que está ocurriendo es una pérdida épica en la riqueza y poder económico relativos del viejo bloque de países ricos del G10 comparado con las regiones ascendentes del mundo. El euro, el yen, la libra, el franco suizo y otras monedas maduras serán relegadas junto con el dólar en este gran proceso de rebalanceo, pero el dólar se va a llevar la peor parte.

La política super-relajada de la Fed está convirtiendo al dólar en la moneda clave de financiación para la siguiente fase del "carry trade" global, reemplazando el rol del Japón durante su período de estímulo de emergencia.

El señor Bloom dijo que las monedas regionales emergerían como ancla para sus socios comerciales más pequeños, con China, Brasil o Sudáfrica sustituyendo el rol de Estados Unidos. Australia ya está vinculando sus fortunas a China a través de lazos representados por materias primas.

Fuente:
http://eldolarespapelpintado.blogspot.com/2009/09/lo-que-se-viene-nuevo-orden-monetario.html



9 de julio de 2009

Crisis financiera: Reorganización del capitalismo global.

"...Los ciclos económicos del capitalismo se desarrollan a través de las crisis periódicas que se producen en el seno del sistema económico. A los ciclos de expansión del crédito les suceden los de contracción, fase esta última en la que la falta de financiación para la economía real provoca la devaluación de los activos y la quiebra de empresas que son absorbidas por corporaciones financieras globales..."
LA CRISIS FINANCIERA INTERNACIONAL: UN PROCESO DE REORGANIZACIÓN DEL CAPITALISMO GLOBAL


1. Introducción

Durante la guerra fría, debido a la existencia de un mundo dividido en bloques antagónicos, la crisis general del sistema capitalista se identificó con la división del mundo en dos sistemas opuestos: el capitalista y el socialista.[1] Pero con la desaparición del mundo bipolar, y especialmente con la desintegración del campo socialista, el capitalismo se ha establecido como único sistema a escala global. Por esta razón, y en la medida en que no existe de forma operativa una alternativa al capitalismo como la que hubo durante la guerra fría, las crisis del propio sistema capitalista han respondido generalmente a su necesidad de renovación y reinvención para adaptarse a las nuevas circunstancias, lo que ha logrado a través del perfeccionamiento de los instrumentos y de los mecanismos de explotación del trabajo.[2]

En este nuevo contexto en el que impera el capitalismo como sistema-mundo se hace necesaria una definición del concepto crisis, cuyo origen se encuentra en la medicina hipocrática y con el que se explicaban los desajustes de los diferentes “humores” del cuerpo humano. La crisis hace referencia a una situación patológica y por analogía con la economía refleja los desajustes de las relaciones entre las variables económicas. Sin embargo es difícil conocer con total precisión el origen de las crisis económicas, pues suelen producirse como consecuencia de la convergencia de diferentes factores.[3]

Sin obviar que el capitalismo lleva en sí mismo el germen de su desaparición, su desenvolvimiento histórico ha supuesto el despliegue en el espacio-tiempo de sus contradicciones internas que periódicamente se han manifestado por medio de diferentes crisis. Las crisis del capitalismo han tenido un papel muy funcional ya que han permitido la supervivencia del sistema mediante la renovación de sus distintas formas de explotación y producción cuando estas se han agotado. El capitalismo, en el desarrollo de sus contradicciones, ha variado en cuanto a la forma en la que se ha manifestado históricamente pero ha conservado su lógica fundamental que lo convierte en un sistema socioeconómico de explotación del hombre por el hombre. Juntamente con esto se han agudizado progresivamente las tendencias monopolísticas inherentes al sistema de libre mercado, lo que ha favorecido la formación de importantes oligopolios en diferentes sectores de la economía y ha reforzado el control del poder económico sobre el poder político.

Así pues, como en los años 70, pero también como a finales de los 80 y a principios del siglo XXI, nos encontramos ante una crisis más del capitalismo en su intento por perpetuarse bajo nuevas formas en la organización de la economía y del trabajo. Como en otras ocasiones también han confluido causas de orden estructural y coyuntural que hacen explicable el origen, fundamento y desarrollo de la propia crisis. El desarrollo histórico del capitalismo ha seguido un patrón dialéctico en el que sus diferentes contradicciones han operado produciendo cambios cuantitativos que, finalmente, una vez alcanzado cierto grado de saturación han devenido en cambios cualitativos con el progresivo perfeccionamiento de su lógica interna[4].

La actual crisis es fruto de la convergencia de multitud de diferentes variables y factores, pero en cualquier caso todos ellos son reducibles a una interrelación entre causas de orden estructural, aquellas que han creado el contexto favorable para la crisis, y las causas de orden coyuntural que actúan como detonantes. En función de este criterio la crisis actual se abordará por medio del análisis de la estructura financiera profundizando en su naturaleza y funcionamiento para, posteriormente, dilucidar en qué medida se han creado las condiciones favorables para que la actual crisis haya tenido lugar, lo que, inevitablemente, conducirá a exponer el papel que juegan los bancos centrales, la forma en que se crea el dinero en el sistema financiero y la lógica especulativa que rige en el conjunto del mundo de las finanzas.

Por otra parte se integrarán en nuestro análisis las causas de orden coyuntural que han actuado como detonantes de la crisis. En lo que a esto respecta se expondrá la cadena de acontecimientos que provocaron la tormenta financiera que originó la crisis más importante de los últimos años, y cuyos nefastos efectos se han extendido a la economía real y al conjunto de la sociedad. Las concesión de créditos hipotecarios subprime junto a la devaluación del precio de la vivienda contribuyeron de manera importante a que se produjera una alarma financiera. Con particularidades como la retirada de fondos, que inevitablemente conllevó a una pérdida de confianza entre los bancos y que éstos dejaran de prestarse dinero, unido, a su vez, a la contracción del crédito para la economía real.

Asimismo, se expondrán las consecuencias de la crisis y el ahondamiento de las tendencias monopolísticas del propio sistema capitalista. Se pondrá de relieve el origen financiero de la crisis y sus efectos, tanto en el propio mundo de las finanzas con la devaluación de los activos y las quiebras de diferentes firmas financieras, lo que ha creado una situación propicia para que grandes empresas y bancos consigan a precio de saldo dichas entidades quebradas y se hagan así todavía más grandes; como en la economía real con la contracción del crédito, y con ello la disminución del consumo y la aparición de problemas sociales derivados de una situación de recesión. Juntamente con esto, la superconcentración de la riqueza y la formación o tendencia hacia la formación de monopolios en el mundo financiero con multitud de ramificaciones en la economía real parecen ser los principales rasgos del nuevo capitalismo global.

Finalmente, y tras la exposición de las principales causas y consecuencias de la grave crisis en curso, se llevarán a cabo unas conclusiones que pondrán de manifiesto la relación e interacción entre los diferentes tipos de causas, cómo han operado y cuál ha sido la secuencia lógica de acontecimientos en los que se han combinado e influido recíprocamente. Todo ello contribuirá a hacer más comprensible la tesis central del presente trabajo que consiste en poner de manifiesto las tendencias monopolísticas del capitalismo, las mismas que con la actual crisis se han afianzado, reforzado y agravado con una superconcentración de la riqueza mediante la devaluación de activos económicos y la quiebra de empresas y bancos, habiendo pasado todos ellos a manos de grandes corporaciones financieras.

2. Causas estructurales

La estructura, como unidad de análisis, permite establecer la conexión y relación recíproca entre las partes y elementos de un todo, de un sistema. Generalmente la estructura se encuentra sujeta a leyes que le confieren su correspondiente estabilidad a pesar del cambio constante de las partes, transformándose cuando en el todo se produce un salto cualitativo. Por esta razón la estructura permite conocer el modo en que se organiza un sistema y la lógica que rige en los nexos de sus elementos constitutivos. Debido a lo anterior se hace necesario un estudio de las causas estructurales que crearon las condiciones favorables para la crisis, lo que exige un análisis del modo en que se organiza el sistema financiero en la creación de dinero, la lógica especulativa que impera en el mercado y el papel que desempeñan los bancos centrales.

En primer lugar es importante destacar la dimensión del sistema financiero internacional, pues este se extiende por todo el planeta y debido a la apertura económica y a la supresión de trabas a la movilidad de capitales ha generado una densa red de interrelaciones e interconexiones. A esto cabría añadir la inestimable contribución de las tecnologías, y más concretamente de las telecomunicaciones, a la supresión de las barreras del espacio-tiempo y su aplicación al mundo financiero, lo que ha hecho posible agilizar y aumentar las operaciones bursátiles. El establecimiento de un tiempo global ha tenido como consecuencia una creciente inmediatez que se ha reflejado en los flujos financieros,[5] por lo que la interdependencia a escala mundial se ha densificado de forma que cualquier cambio significativo en cualquier lugar tiene, instantáneamente, su repercusión en el conjunto del mundo financiero. Este rasgo del sistema financiero es el que ha hecho que las actuales crisis tengan una dimensión planetaria debido a la alta interdependencia que ha desarrollado la globalización.

2.1. La creación de dinero

Hasta 1971 el régimen de regulación monetaria internacional que imperó fue el patrón de cambio oro-dólar. Hasta ese momento el oro había sido el valor que respaldaba a la moneda y al que en último término remitía el dólar. Con la ruptura de este patrón las diferentes divisas entraron en un régimen de flotación y se pasó a dibujar un nuevo esquema monetario internacional con la inexistencia de relación entre el valor y la cantidad de cada moneda. El dinero se convirtió en una mercancía más y abandonó la función de medio de cambio que pudo haber conservado hasta aquel momento. Fue así como el dinero pasó a ser un negocio más con el que traficar y enriquecerse, fomentando la especulación y la aparición de un mercado de divisas en el que no se crea valor.

Esta nueva situación ha hecho que las economías contemporáneas sean “|...| esencial e inextricablemente monetarias, lo que nos aboca a razonar desde una concepción endógena, histórica, social e institucional del dinero, con lo que éste se convierte en un vínculo social esencial, una institución ligada a la soberanía |...|”.[6] El dinero es, por decirlo de alguna manera, el poder mismo dentro de las sociedades capitalistas. En este sentido la sociedad capitalista puede definirse como un totalitarismo monetario en el que una “|...| infinidad de operaciones monetarias se extienden a todas las facetas de las vidas de las personas y de la sociedad en su conjunto”. Por este motivo el sistema financiero se ha convertido en “|...| un mecanismo que regula |...| el sector monetario. Pero, debido a la importancia de este sector, el mecanismo acaba regulando el funcionamiento global de la sociedad”.[7]

El carácter endógeno del dinero hace que sea una categoría “|...| inherente a la naturaleza y funcionamiento de la economía capitalista”.[8] Se puede decir, entonces, que la economía capitalista es esencialmente monetaria, en la que el dinero es el elemento constitutivo de su funcionamiento. Es aquí donde radica la importancia de quién y cómo se crea el dinero.

Históricamente la cantidad de dinero en circulación ha guardado cierta proporción con el volumen de transacciones, sin embargo en la actualidad el dinero ha dejado de ser ya un instrumento al servicio de esos intercambios para ser una mercancía más que es objeto de especulación. El dinero se ha divorciado del comercio y la cantidad en circulación se ha disparado de manera desmesurada habiendo dejado de crecer en proporción al número de transacciones.

El dinero no lo componen únicamente los billetes y las monedas, que solamente representan entre el 7 y el 10% de todo el dinero en circulación, sino que es el dinero bancario el que forma la mayor parte de la masa monetaria. Este dinero lo crean los bancos a partir de la deuda que originan con la concesión de préstamos, lo que produce un efecto multiplicador en la cantidad de dinero en circulación.

El proceso a través del que se crea el dinero bancario es bastante elemental. La gente crea depósitos ingresando su dinero en los bancos y estos, al ser conscientes de que sus clientes no van a necesitar todo este dinero, conceden créditos con los que crean nuevos medios de pago, en este caso dinero bancario. Ejemplo:

“En el momento en que se ingresan las 100 u.m. su propietario sigue teniendo esa cantidad como medio de pago (podrá hacer uso de ellas en cualquier momento). El banco hará una reserva determinada (supongamos que el 20% de la cantidad depositada) y prestará el resto (80 u.m.) a un tercero, que podrá utilizarlas, a su vez, como medio de pago. En ese momento, la cantidad de dinero existente en la economía no será de 100 u.m., sino de 180 u.m.: el banco ha creado dinero al utilizar una parte de sus depósitos (la que no queda en reserva) para generar nuevos medios de pago, en este caso bajo la forma de un préstamo”. [9]
Efectivamente los bancos se ven obligados a contar con unas reservas para hacer frente a los posibles pagos de sus clientes, y cuya cantidad es en la actualidad el 2%, por lo que el dinero que crean es mayor que los depósitos de sus clientes.[10]

Además de lo anterior también hay que destacar que al efecto multiplicador del dinero bancario hay que sumar el hecho de que el dinero nace de una deuda que está cargada por un interés. Todo el dinero que existe nace como una deuda contraída con el sistema bancario que, al estar cargada de intereses, se vuelve impagable.[11]

2.2. La lógica especulativa

La expansión del crédito y con ello la aparición de una inmensa masa de dinero bancario en circulación son las causas de la financierización de las economías capitalistas. Sin la existencia de medios de pago sobrantes no es explicable la formación de las burbujas financieras que produce la especulación, pues el dinero persigue la máxima rentabilidad lo que le lleva a desvincularse de la creación de negocios productivos y con ello de la economía real. Mientras que la actividad productiva requiere mucho esfuerzo y tiempo, la inversión financiera obtiene una mayor rentabilidad relativa en un menor espacio de tiempo y con mucho menos esfuerzo.

En la medida en que las finanzas se han hecho autónomas con respecto a la economía real los recursos monetarios han perseguido una mayor rentabilidad con la especulación. Así pues, la lógica especulativa consiste en comprar barato para vender caro ante la expectativa de que los precios vayan a seguir subiendo constantemente. Esta es la lógica que rige en el mercado financiero y en el conjunto del sistema, por lo que se ha convertido en la forma más rápida y fácil de obtener beneficios.

Los productos financieros que han atraído la inversión siguen la lógica especulativa, al mismo tiempo que la han reforzado y amplificado. Se caracterizan por ser títulos (bonos, contratos, divisas, etc...) que se venden en el mercado y donde miles de inversores los compran para revenderlos, todo ello porque son operaciones que proporcionan mucho beneficio rápidamente y porque existe una cantidad ingente de dinero sobrante. Lo que se compra y se vende es papel, pues los títulos no son otra cosa más que papel, y si se negocia con ellos es debido a la expectativa de que vayan a subir de precio. De esta manera es como se crean multitud de formas de papel, productos financieros, para venderlos en el mercado.

Esta dinámica especulativa se lleva a cabo, por ejemplo, con las hipotecas pero también con otros negocios. “A partir de muy poco dinero “real”, es decir, vinculado a actividades de producción o distribución de bienes y servicios, se deriva una masa inmensa de productos financieros del altísima rentabilidad |...|”.[12]

La creación de dinero por parte de los bancos no tiene como destino en la mayor parte de los casos financiar la economía real, y con ello incrementar la producción y aumentar el empleo, sino que tiende a buscar la máxima rentabilidad a través de actividades financieras de alto riesgo por medio de la especulación.

2.3. Los bancos centrales

En cuanto a los bancos centrales es difícil de determinar de una manera clara su surgimiento, ya que en su mayor parte su aparición ha sido el resultado de la conversión o evolución, ya fuese paulatina o repentina, de bancos de titularidad privada que operaban como monopolios bajo autoridad legal del gobierno.[13] Históricamente la emisión de dinero ha estado unida a la actividad consubstancial del negocio de la banca, sin embargo los poderes públicos terminarían haciendo de esta actividad un privilegio de un solo banco que lo pasaría a ejercer en régimen de monopolio.

Entre las principales funciones que le suelen corresponder a un banco central se encuentran: la emisión de billetes de curso legal y la puesta en circulación de las monedas; la centralización y control de las operaciones económicas y financieras con el exterior; la actuación como banco de bancos que custodia las reservas de las demás entidades, a las que también les concede créditos; se ocupa de la supervisión del sistema bancario y de las entidades que lo componen; y ejecuta la política monetaria según el grado de autonomía que cuente con respecto al gobierno.

Para que la moneda provista por el banco central sea fiable se debe contar con una reserva, condición que se ha hecho extensible a todos los bancos comerciales. Por otra parte el banco central también concede créditos sobre la cuenta de reserva de los bancos, lo que significa que sus préstamos pueden crear reservas a su vez. Fue así como se convirtió en el prestamista de último recurso manteniendo la integridad del sistema de pagos. [14]

Los bancos centrales coordinan las actividades del resto de bancos que operan en una economía nacional, y sus reservas son el respaldo de los préstamos que realizan estas entidades. Esto ocurre así en la medida en que dichas reservas son dinero contante y sonante o bonos del Estado que, en un momento dado, pueden ser cambiados por dinero en metálico. De esta manera los bancos centrales controlan la oferta monetaria, pues es el mecanismo que les permite aumentar o disminuir las cantidades de dinero de curso legal.

En las economías capitalistas, y muy especialmente tras la puesta en práctica de las tesis neoliberales en el ámbito monetario, los bancos centrales suelen ser organismos independientes del gobierno que conciben, planifican y ejecutan la política monetaria. Estos bancos no están sometidos a un control social tanto en lo que se refiere a la elección de quienes ocupan los cargos de dirección como al diseño de la política monetaria. El Estado ha perdido así su soberanía monetaria en la medida en que no crea por sí mismo el dinero ni diseña la política monetaria con la que determinar la cantidad de dinero en curso, por lo que finalmente se ve obligado a pedir prestado el dinero a otras entidades.

Entonces, el banco central

“|...| al gozar de plena autonomía para operar con las variables monetarias, condiciona la política presupuestaria que puede elaborar el Gobierno de la nación. |...| lo que significa que el banco central determina en última instancia el alcance de la política económica global”. [15]
Los bancos centrales dentro del sistema financiero se ocupan de diseñar la política monetaria que, al tratarse de organismos independientes que están fuera del control de la sociedad y del Estado, la conciben según sus intereses particulares, y se encargan, también, de financiar al Estado. El Estado es, entonces, un cliente más de la banca, pues el banco central lo financia pidiendo prestado el dinero a la banca privada que es la que endeuda al ente público con créditos a un interés elevado.


3. Causas coyunturales: la crisis hipotecaria

Aprincipios de esta década dos eran las particularidades que podían observarse en las pautas de consumo y en la economía estadounidense: el progresivo endeudamiento y la especulación financiera. La combinación de ambos factores propiciaron el crecimiento económico del país. Así, la especulación con los capitales enraíza con la explosión de la burbuja Internet -el auge de las nuevas empresas de base tecnológica o punto.com- que unida a la creciente internacionalización de las finanzas, provoca grandes entradas de capital en la bolsa de Estados Unidos en busca de una rentabilidad máxima a corto plazo.

Por otra parte, la población mantiene un consumo elevado y va acumulando deudas mientras se despreocupa del ahorro, por lo que es necesaria la entrada de capitales externos para financiar los desequilibrios comerciales del país. Paulatinamente el crecimiento económico se ve afectado, la burbuja de las punto.com se colapsa en 2001y después de los ataques del 11-S se hace un llamamiento al consumo para la recuperación de la economía; pero la deuda contraída por la población es tal que impide una respuesta positiva. Entonces se decide bajar el tipo de interés para reactivar la economía, noticia que se recibe con optimismo en las bolsas, donde se puede especular en un mercado en alza y obtener altos beneficios. Pero donde esta medida tuvo importantes efectos y consecuencias fue en la dinámica del sector inmobiliario[16]. La liberalización financiera de las últimas dos décadas y el exceso de liquidez global alimentaron una euforia financiera que distorsionó la percepción del riesgo, que ligado a un sobreendeudamiento de familias y empresas y a la escasa regulación del sector bancario no tradicional, dieron lugar a burbujas, tanto inmobiliarias como de otros activos.

La bajada de los tipos de interés y su vigencia por tiempo prolongado conllevó a que los bancos concedan créditos baratos, que el endeudamiento fuese más asequible y que las familias decidiesen comprar inmuebles, que destinaron sobre todo a segundas residencias. Así, la lógica se centra en el endeudamiento con la perspectiva futura de poder vender los inmuebles a un precio más alto; hecho que conlleva un evidente enriquecimiento a corto plazo y a una lógica de mercado fuertemente especulativa. Asimismo, en ese contexto los bancos creían que si no podían pagarse las cuotas, siempre podrían vender la casa en un mercado en alza donde obtendrían un precio mayor de la deuda contraída sin reducir desmesuradamente los márgenes de beneficio[17].

Pero a la vez, la concesión de préstamos a bajo interés hizo disminuir el negocio de los bancos, que aunque debido al boom inmobiliario el número de préstamos concedidos aumentó, ya sea para destinarlos a segundas residencias o para especular en el mercado, los bancos se encontraban preocupados por la necesidad de hacer negocio y decidieron dar préstamos más arriesgados con los que cobrar más intereses. Así es como se extendieron las llamadas hipotecas “subprime”[18].

3.1. El negocio con las hipotecas “subprime”

Es en ese contexto de burbuja inmobiliaria[19] que los bancos decidieron ofrecer hipotecas a un tipo de interés más elevado a familias poco solventes o con menos garantías de pago[20] con la finalidad de mejorar sus propios rendimientos, porque dada la situación de euforia inmobiliaria, en pocos meses seguramente que la casa valdría más que la cantidad dada en préstamo.

A este tipo de hipotecas con un alto riesgo de impago se les llamó hipotecas “subprime”, sobre todo porqué se concedían a personas con pocos recursos económicos o con una estabilidad económica fuertemente condicionada por el mercado laboral. Muchas de las hipotecas se concedieron no directamente a través de los bancos sino mediante personal contratado para ese único fin. Con el cometido de encontrar clientes potenciales se les remuneraba a comisión por número de préstamos concedidos. Este planteamiento les fue bien a los bancos durante algunos años ya que los endeudados iban pagando los plazos de la hipoteca y, además, como les habían dado más dinero del que valía su casa, se habían comprado un coche, habían hecho reformas en la casa y se habían ido de vacaciones con la familia [21]. Pero en multitud de casos quienes acudían a solicitar los préstamos no eran conscientes de hasta qué punto se estaban comprometiendo dado que los mecanismos de pago eran realmente complejos y apenas comprensibles para la mayoría de la población que no domina la confusa jerga económica. Además, los bancos forzaban a muchos prestatarios a contratar préstamos hipotecarios “subprime” a pesar de que disponían de recursos suficientes como para poder optar a un préstamo con mejores condiciones o más ventajoso. Pero ahí estaba el negocio de los bancos, muchos créditos a un elevado interés como una fuente segura de beneficios fáciles. En ese entonces, la Oficina de Responsabilidad del Gobierno de Estados Unidos ya advirtió a los bancos de su falta de transparencia e información en ese complicado entramado de concesión de préstamos “basura”.

Como los bancos concedían muchos préstamos hipotecarios, se les acababa el dinero. Aprovechando la globalización y la internacionalización de las finanzas, decidieron acudir a bancos extranjeros para que les prestaran dinero. Pero como estaban pidiendo dinero a otros bancos y dando muchos créditos, el porcentaje de capital sobre el activo de los bancos bajaba e igualmente la protección de las entidades frente a los riesgos financieros y operativos no estaba tan asegurada. Es en ese contexto cuando nacieron los “productos derivados”.

3.2. Los internacionalización de los productos financieros derivados

Ante la necesidad de disponer de dinero líquido para seguir concediendo créditos y dadas sus escasas reservas, los bancos decidieron poner remedio a la situación vendiendo estos créditos hipotecarios por el mundo entero. Para ello “titulizaron” sus contratos [22], hecho que les permitió obtener liquidez sin aumentar sus obligaciones, es decir, sin tener que endeudarse con la petición de préstamos a terceros.

Mediante este proceso el banco vende los derechos de cobro del préstamo a entidades denominadas “vehículo” que a su vez emiten un conjunto de títulos susceptibles de ser negociados con otros inversores. Esta operación lleva pareja la transferencia de los riesgos a los titulares de los títulos emitidos con cargo al fondo, que asumen el riesgo de impago de los activos agrupados en él [23]; contando que el riesgo financiero de los valores emitidos siempre es objeto de evaluación por una entidad calificadora (agencias de rating) [24].

Dada la complejidad de su naturaleza y el desembolso de capital necesario, quienes compran los bonos emitidos por los “vehículos” [25] suelen ser inversores institucionales como bancos, compañías de seguros, fondos de inversiones, etc. Y su negocio radica en especular sobre el precio de estos bonos, que no son más que derechos de cobro representados en un papel; los compran a un determinado precio y luego esperan a venderlos en el mercado financiero cuando ha aumentado su valor, y así sucesivamente, transfiriendo el riesgo a las entidades compradoras que no son plenamente conscientes de la poca calidad de los derechos de crédito que están comprando. Y todo se basa en la lógica de la especulación, sin mantener una vinculación directa con la economía real o productiva.

Pero esta titulización o transformación en nuevos productos financieros era todavía más compleja. Se hacían “paquetes” de inversión en los que juntaban disimuladamente distintas obligaciones hipotecarias de distinta calidad y riesgo asociado, algunas buenas (prime) y otras malas o muy arriesgadas (subprime) y a las que se llamaba obligaciones garantizadas por hipotecas o MBS (Mortgage Backed Securities), que eran las vendidas por las empresas “vehículo” a otras entidades. Terminaron por formarse paquetes verdaderamente desarrollados donde los “vehículos” mezclaron ya todo tipo de préstamos, activos de alto riesgo y también de bajo riesgo, creando unos complejos paquetes financieros en los que era casi imposible conocer inequívocamente su contenido real[26]. Finalmente vendían los bonos a los inversores y así obtenían la financiación necesaria para poder seguir comprando préstamos a los bancos; los paquetes iban recombinándose y se revendían sucesivamente en los mercados financieros internacionales. Así el afán de rendimientos altos y rápidos dio rienda suelta a la especulación desenfrenada, incentivada por sistemas perversos de remuneración de los dirigentes.

Además las agencias de rating tenían que dar calificaciones a los “paquetes” en función de su solvencia, es decir en función del riesgo de impago. Como la mayoría eran empresas privadas contratadas por los propias empresas “vehículo” emisoras de títulos, muchos de los “paquetes” obtuvieron notables calificaciones que aseguraban su calidad, aunque no fuera del todo cierto [27].

Además la libre movilidad de capitales y la interdependencia del sistema financiero actual permitieron que estos derivados financieros se comercializaran en todo el mundo. Inversores de todo tipo iban comprando y vendiendo los bonos emitidos por las “vehículo” y así fue como gracias a las nuevas tecnologías se transmitieron por el mundo entero e “infectaron” todos los sistemas financieros desarrollados. Este factor ligado a la alta rentabilidad de los productos financieros derivados con un inapreciable alto riesgo de impago asociado, hizo que los capitales prefiriesen ser invertidos en este mercado especulativo de beneficios seguros y rápidos.

3.3. La insolvencia arrastra a los bancos

El estallido de la burbuja inmobiliaria en EEUU y las primeras quiebras derivadas del mercado subprime se remontan a agosto de 2007, cuando el aumento de la morosidad generó importantes pérdidas en las instituciones financieras. Muchos propietarios habían utilizado su vivienda para obtener financiación con la que hacer frente a circunstancias imprevistas; por lo que con precios de la vivienda en caída o estables, los prestamistas con hipotecas recientes y casi sin pagos iniciales decidieron abandonar sus viviendas y dejarlas en manos de los bancos que se veían obligados a embargarlas, desencadenando un proceso de venta de los activos que las respaldaban (MBS) [28].

Además cuando empezó a desinflase la burbuja inmobiliaria disminuyó la valoración de los activos que tenían los bancos. Para que pudieran recuperar el dinero perdido, se decidió subir el tipo de interés, y eso tuvo un efecto desastroso para muchas familias. Un grupo de personas poco solventes no pudieron continuar pagando sus créditos hipotecarios, aumentaron los retrasos en los pagos y las ejecuciones bancarias. Asimismo, a principios de 2007, los precios de las viviendas norteamericanas se desplomaron, mucha de la gente estaba pagando por sus casas más de lo que en ese momento valían, muchos trabajadores se quedaron sin empleo, dejaron de pagar sus cuotas y los bancos se llenaron de un stock de viviendas que debían subastar[29]; los precios de las viviendas empezaron a bajar y los bancos con gran cantidad de hipotecas comenzaron a comunicar pérdidas enormes.

Automáticamente, nadie quiso comprar los “paquetes” de derivados que tan bien se habían vendido en el mercado, y los que ya los tenían no pudieron venderlos. Los activos de los bancos se depreciaron como consecuencia de la crisis inmobiliaria y empezaron a registrar grandes pérdidas en sus cuentas. Las entidades “vehículo” ya no eran capaces de vender los títulos dado que empezaba a cuestionarse su calidad, y como muchas habían sido creadas por los propios bancos, éstos tuvieron que contabilizar también sus pérdidas en sus propios balances.


4. La crisis bancaria y la formación de monopolios

A raíz de la crisis inmobiliaria en Estados Unidos y la pérdida de valor de los MBS que se encontraban ya repartidos por el mundo entero, las entidades financieras empezaron a declararse en bancarrota. En 2007 fueron tres los bancos que quebraron mientras que en 2008 ascendieron a veinticuatro y en lo que va de año han quebrado ya veintinueve [30], además de la quiebra de otras tantas entidades de crédito más pequeñas. Las pérdidas ascendieron a miles de millones de dólares como consecuencia de la depreciación de sus activos [31] y no sólo las entidades estadounidenses se vieron afectadas, sino que los efectos se expandieron rápidamente a otros mercados.

Ante tal panorama, los bancos empezaron a perder confianza mutua ya que nadie era consciente de hasta qué punto tenían “paquetes” de hipotecas basura en sus carteras, porque estos productos derivados habían sido adquiridos por multitud de bancos de todo el mundo cuando habían ido financiándose unos a otros. La desconfianza hizo subir el tipo de interés interbancario, que es el tipo al que se prestan entre sí los bancos, por lo que como no se fían, cuando necesitan dinero, o no se lo prestan o se lo prestan caro. Entonces no es que haya una falta de liquidez, sino que la desconfianza es tal que dejan de prestarse entre ellos. Y la crisis hipotecaria que estalló en agosto de 2007 se ha transformado en una crisis financiera sistémica, cuyo epicentro ya no está sólo en EEUU, sino que se ha desplazado a Europa y Japón y está teniendo un fuerte impacto en el crecimiento de las economías emergentes[32].

4.1. Quiebras y más quiebras

A partir del segundo trimestre de 2008, los bancos y otras entidades empezaron a quebrar como consecuencias del fin de la burbuja inmobiliaria. En primer lugar cayeron los grandes bancos hipotecarios; el primero en caer fue American Home Mortgage. El siguiente fue el quinto banco de inversión más grande de Estados Unidos, el Bearn Stearns, cuyas acciones fueron compradas por otro banco, el JP Morgan. Y así fueron cayendo otros tantos bancos hipotecarios, tanto en Estados Unidos como más allá de sus fronteras. Luego les siguieron las quiebras de Fannie Mae y Freddy Mac, que eran agencias públicas que avalaban gran cantidad de préstamos hipotecarios suscritos por otras entidades, aunque como eran empresas patrocinadas por Estados Unidos los inversores podían confiar especialmente en ellas, ya que en caso de pérdidas estaba garantizado que el gobierno intervendría para rescatarlas.

La desconfianza y el temor se propagó con gran rapidez y las pérdidas arruinaron otras compañías como Lehman Brothers y Merril Lynch, que fueron absorbidas respectivamente por Goldman Sachs y el Bank of America. Así, de los grandes bancos de inversión estadounidenses sólo se mantenían en pie Goldman Sachs y Morgan Stanley que no tardaron en ser víctimas de la crisis y absorbidos por JP Morgan y Bank of America. Al mismo tiempo, el contagio alcanzó a Europa, con quiebras bancarias en el Reino Unido, el Benelux y Alemania, lo que aceleró acciones unilaterales que pusieron de manifiesto la falta de coordinación y la debilidad de la gobernanza económica europea.

La desconfianza que se instaló en los mercados ante la opacidad ocasionada por los productos financieros que se habían vendido frenó temporalmente la espiral especulativa, pues ya no se compraban títulos ni prestaba dinero al carecer de la suficiente información de los activos financieros en venta y de las entidades que los ofrecían.

4.2. La instrumentalización de la crisis

Pero como apunta Torres López: “detrás de la operación de compra, profundamente ventajosa para el banco JP Morgan, no había un ejercicio de altruismo sino toda una estrategia de mercado”[33]. Considera que detrás de toda ese entramado de quiebras y adquisiciones, había gente muy poderosa que estaba particularmente interesada en la compra de los activos de los bancos en bancarrota. Así se hizo creer a los grandes inversores que la situación de la entidad era realmente preocupante, que la falta de liquidez era alarmante, por lo que decidieron retirar sus fondos y el precio de las acciones bajó tanto que la llevó a la quiebra a Bearn Sterns. Según el autor se estaba consolidando lo que él llama “capitalismo de carroñeros”, caracterizado por la agresividad de los agentes implicados en la búsqueda de rentabilidades cada vez mayores y en menos tiempo.

Estos procesos de devaluación y quiebras de empresas y firmas financieras refleja la consecuente superconcentración de la riqueza en manos de grandes corporaciones, las cuales han aprovechado el contexto de crisis para absorber a la competencia. Todo ello ha reforzado las tendencias monopolísticas del capitalismo que desde el sector financiero se extienden al conjunto de la economía real.


5. Conclusiones

Los ciclos económicos del capitalismo se desarrollan a través de las crisis periódicas que se producen en el seno del sistema económico. A los ciclos de expansión del crédito les suceden los de contracción, fase esta última en la que la falta de financiación para la economía real provoca la devaluación de los activos y la quiebra de empresas que son absorbidas por corporaciones financieras globales.

El efecto multiplicador del dinero bancario da lugar a un exceso de dinero que persigue una gran rentabilidad y la encuentra en la especulación con activos financieros. A esto hay que añadir las expectativas de subida de precios constante a la que están ligados, lógica inherente a la especulación y que rige el funcionamiento del mercado financiero. Este contexto ha hecho posible la actual crisis en la medida en que las hipotecas subprime fueron titularizadas para su posterior venta a infinitud de inversores sin advertir del riesgo que suponían esos activos financieros. La elevada interconexión e interdependencia en el sistema financiero ha provocado el pánico y la retirada masiva de los fondos, lo que a su vez se ha reflejado en una contracción del crédito para la economía real.

Las denominadas hipotecas basura han sido el catalizador, el detonante, de la crisis, ya que la estructura del sistema financiero ha creado por sí misma el contexto de interdependencia y especulación favorable para crear pánico en los mercados y provocar una crisis así. La cadena infinita de inversores implicados en la compra de activos financieros que se creían buenos pero que, finalmente, resultaron ser un fraude ha ocasionado importantes y considerables pérdidas que han devaluado infinidad de empresas y en otros muchos casos ocasionado su quiebra, como de hecho ocurrió con importantes firmas financieras. Además de esto, la existencia de una cantidad enorme de dinero sobrante, dinero bancario, ha sido un elemento crucial que ha fomentado las inversiones especulativas en perjuicio de las productivas.

La crisis ha dado lugar a una desinversión ante la falta de financiación, por lo que la economía productiva se ha visto seriamente afectada ante una situación en la que las empresas no consiguen créditos, y de forma similar las personas físicas tampoco los obtienen para su consumo. Las consecuencias sociales son el incremento del desempleo y una bajada de los salarios, a lo que hay que sumar la creciente deuda que están acumulando los Estados ante un aumento de la demanda de prestaciones sociales.

La crisis financiera ha actuado como mecanismo para provocar la quiebra de empresas y devaluar los activos, lo que inevitablemente en la lógica darvinista del mercado ha significado la absorción de dichas entidades por gigantes financieros y corporaciones globales. Por decirlo de otra manera, la actual crisis ha servido para contraer el crédito y favorecer la formación de grandes monopolios en el sector financiero cuyas ramificaciones se extienden por toda la economía real productiva.

Se puede destacar igualmente que esta crisis no ha sido fortuita, sino que más bien ha existido una estrategia de mercado con la que se ha perseguido la quiebra y devaluación de multitud de empresas para su posterior compra a precio de saldo. Las hipotecas basura han respondido a esta estrategia, pues las autoridades sabían lo que ocurría y estaban al tanto de todo pero no hicieron nada al respecto. Permitieron y promovieron los procesos de titulización aún a sabiendas del riesgo creciente que conllevaban.

Asimismo se puede apreciar que la expansión del crédito ha sobreendeudado al sector privado, por lo que la contracción del crédito no sólo sirve para quebrar empresas, sino sobre todo para pasar a endeudar al Estado ya que en una situación así se ve obligado a incrementar el gasto público mediante más y mayores servicios sociales para hacer frente al desempleo, la falta de inversión, etc. También hay que tener en cuenta a las empresas y bancos que cuentan con aval del Estado y que han quebrado o sufrido graves pérdidas durante la crisis, lo que ha exigido del propio Estado el desembolso de importantes sumas de dinero que han agravado la deuda pública. Juntamente con esto el Estado, al no ser soberano en lo que se refiere a materia monetaria, se ve obligado a pedir créditos que se le concederán a un tipo de interés más elevado y es, a su vez, un cliente mucho más seguro que cualquier empresa o persona física.[34]

En lo que se refiere a las pérdidas que han sufrido importantes bancos y las campañas de financiación desde los bancos centrales, cabría decir que dichas inyecciones además de fomentar la dinámica especulativa que ha conducido a la crisis actual, corren a cuenta del Estado, por lo que finalmente son los ciudadanos quienes pagarán con sus impuestos el daño económico que ha provocado una minoría plutocrática. Por otra parte, todo los créditos concedidos por los bancos centrales han sido justificados por la necesidad de dotar de liquidez al sector bancario de cara a financiar la economía productiva, pero los bancos están utilizando dichos recursos para tapar sus pérdidas y continuar con su juego especulativo.

El sentido de los mercados financieros debe ser el de “|...| canalizar los fondos a aquellas personas físicas o jurídicas que presenten oportunidades de inversión productiva. Si el sistema financiero no lleva a cabo esta función adecuadamente, la economía no funcionará bien |...|”.[35] Todo esto hace exigible y necesaria una teoría cualitativa de la moneda[36], aquella en la que la sociedad determine con una finalidad productiva el destino de los créditos emitidos para financiar la economía real y no las prácticas especulativas. Algo así implica recuperar la soberanía monetaria a la que el Estado renunció en su momento autorizando a los bancos a crear dinero bancario y concretamente permitiendo al banco central concebir y ejecutar de manera independiente la política monetaria, sin estar sometido a fiscalización pública alguna.

----
[1] Rosental, Mark M. y Pavel F. Iudin, Diccionario de filosofía, Madrid, Akal, 1975

[2] Duguin, Alexandr, “Los paradigmas del fin” en Nihil Obstat Nº 5, 2005, pp. 23-58

[3] Torres López, Juan, Economía política, Madrid, Pirámide, 2003

[4] Aguilar, Juan Antonio, “Dialéctica y sistema” en Nihil Obstat Nº 5, 2005, pp. 147-180

[5] Virilio, Paul, La bomba informática, Madrid, Cátedra, 1999

[6] Medialdea, Bibiana y Ángel María Martínez González-Tablas, “Reflexión crítica sobre la globalización financiera” en Ekonomiaz: revista vasca de economía Nº 48, 2001, p. 64

[7] Zinoviev, Alexandr, La caída del imperio del mal, Barcelona, Bellaterra, 1999, p. 128

[8] Medialdea, Bibiana y Ángel María Martínez González-Tablas, Op. Cit., N. 6, p. 63

[9] Torres López, Juan, Op. Cit., N. 3, p. 217

[10] Torres López, Juan, La crisis económica. Guía para entenderla y explicarla, Madrid, ATTAC, 2009

[11] Bochaca, Joaquín, El enigma capitalista, Barcelona, Ediciones Bausp, 1977

[12] Torres López, Juan, Op. Cit., N. 10, p. 34

[13] Orriols i Sallés, Maria Àngels, El Banco Central Europeo y el Sistema Europeo de Bancos Centrales. Régimen jurídico de la autoridad monetaria de la Comunidad Europea, Granada, Comares, 2004

[14] Mayer, Martin, La Reserva Federal. La historia secreta de cómo la institución más poderosa del mundo maneja el mercado, Madrid, Turner, 2003

[15] Torres López, Juan, Economía..., Op. Cit., N. 3, p. 239

[16] La Reserva Federal de Estados Unidos bajó en dos años el precio del dinero del 6,55% al 1,0%. Como apunta Steinberg, Federico, “La crisis financiera mundial: causas y respuesta política”, Real Instituto Elcano, ARI Nº 126/2008, “Ninguna autoridad quería ser responsable de frenar el crecimiento. De hecho, la brusca bajada de tipos de interés de la Fed ante la recesión de 2001 (y el mantenimiento de los mismos en el 1% durante un año) fue considerada como una excelente maniobra para acortar la recesión en EEUU tras los ataques del 11-S. Sin embargo, hoy se interpreta como una política errónea que contribuyó a inflar los precios de los activos, sobre todo los inmobiliarios, impidiendo el ajuste que la economía estadounidense necesitaba para tener un crecimiento sostenible a largo plazo”.

[17] Steinberg, Federico, Op. Cit. N. 16, “aunque fuera posible prever que los precios inmobiliarios no podrían continuar subiendo indefinidamente, el elevado crecimiento de la economía mundial, la baja inflación, los bajos tipos de interés (negativos en términos reales) y la estabilidad macroeconómica (lo que se conoce como el período de “la gran moderación”) redujeron la aversión al riesgo. Ello llevó a un mayor apalancamiento, incentivó aún más la innovación financiera y las operaciones fuera de balance y dio lugar a lo que a la postre se ha revelado como una euforia irracional”.

[18] Las “subprime” se encuentran jerarquizadas en el último escalafón de calidad entre las hipotecas de Estados Unidos, por debajo de las “prime”, las “jumbo” y las “nearprime” o “Alt-A”.

[19] Torres López, Juan, La crisis económica..., Op. Cit., N. 10, “entre 1997 y 2006 los precios de las viviendas en Estados Unidos se incrementaron un 130% y en 2005 el 40% de las viviendas compradas fueron destinadas a segunda vivienda o a su especulación en el mercado”.

[20] A este tipo de clientes se los ha llamado los NINJA (“No Income, No Job and No Assets”; personas sin ingresos fijos, sin empleo fijo, sin propiedades)

[21] Pero como la mayoría de las entradas de capital iban a parar al sector inmobiliario y no a otro tipo de inversiones más productivas, en última instancia el modelo se basaba en que los estadounidenses pudieran pagar sus hipotecas, lo que a su vez dependía de que el precio de sus viviendas siguiera subiendo, condición necesaria para que los hipotecados pudieran refinanciar su deuda contra el valor apreciado de su inmueble.

[22] La “titulización” consiste en vender los derechos de cobro del préstamo a un tercero, a cambio de lo cual se recibe dinero que se puede volver a prestar. Así los bancos para aumentar su liquidez se desprenden de su cartera de préstamos hipotecarios -derechos de cobro no negociables- mediante su venta a un fondo de titulización, el cual emite un conjunto de títulos o valores homogéneos y estandarizados y, por consiguiente, susceptibles de negociación en mercados de valores organizados, es decir que otros inversores podrán comprar.

[23] Como apunta Alejo González, Enrique, “Regulación, política monetaria y crisis financiera en los Estados Unidos”, Boletín Económico del ICE Nº 2954, 2008, p. 17, “El nuevo modelo, basado en la titulización de activos, consistía en que los bancos de inversión (los nuevos intermediarios entre los bancos comerciales y los inversores) creaban derivados financieros estructurados (conocidos como Structured Investment Vehicles, SIV) que permitían que los bancos comerciales subdividieran y reagruparan sus activos, sobre todo hipotecas, y los revendieran en el mercado en forma de obligaciones cuyo respaldo último era el pago de las hipotecas (Mortgage Backed Securities, MBS), muchas veces fuera de su balance”.

[24] El proceso de diversificación de riesgos, y la posterior evaluación de los mismos por parte de las agencias decalificación suponía que los bancos estaban ahora expuestos al riesgo de impago por parte de prestatarios a los que no conocían y de los que nunca habían evaluado su riesgo.

[25] Los “vehículo” son los actores fundamentales en el proceso de titulización, pues son ellos quienes tienen los derechos del préstamo en su poder –el papel que les vende el banco- que luego pueden vender a través de la emisión de bonos. Pero algunas de estas empresas “vehículo” habían sido creadas por los mismos bancos. Aunque el hecho de que aparentemente la conexión no fuera tan evidente les permitía poder sanear sus cuentas, conceder más créditos y aumentar su rentabilidad. Además para poder burlar con más facilidad las leyes nacionales, instalan estas entidades “vehículo” en paraísos fiscales donde no tienen que rendir cuentas de sus negocios con el mismo grado de exigencia y donde se les ofrecen ventajas fiscales. Pero también cabe decir que los bancos las respaldan en caso de pérdidas; véase Torres López, Juan, La crisis económica..., Op. Cit. N. 10.

[26] Como apunta Geier, Joel, “Etats-Unis: plus qu’une récession–un modèle économique en décomposition” en Inprecor Nº 536-537, Politique générale, 2008, p. 512, los MBS se estructuraban en tramos, a los que les llaman tranches, ordenando, de mayor a menor, la probabilidad de un impago, y con el compromiso de priorizar el pago a los menos malos. A estos MBS ordenados en tranches se les rebautizó como CDO (Collateralized Debt Obligations), pero es que además se creó otro producto importante: los CDS (Credit Default Swaps), en el adquirente que compraba los CDO, asumía un riesgo de impago por los CDO que compraba, cobrando más intereses. Y así se crearon un complejo conjunto de productos financieros derivados para obtener rentabilidades más altas y sin que se notase excesivamente que se estaban incurriendo en riesgos excesivos.

[27] Según Torres López, Juan, La crisis económica..., Op. Cit., N. 10, p. 36, “las agencias de rating han ocultado sistemática y deliberadamente la realidad del riesgo que se estaba asumiendo para no poner fronteras a un negocio tan rentable” ello explica “que de todaslas emisiones calificadas en EEUU a lo largo de 2007, el 62% obtuvieron una nota de AAA, es decir, la máxima calificación posible”.

[28] Alejo González, Enrique, “Regulación, política monetaria y crisis financiera en los Estados Unidos”, Boletín Económico del ICE Nº 2954, 2008, p. 23

[29] En Estados Unidos, cuando dejan de pagarse las cuotas de los créditos hipotecarios, el problema pasa a las personas que poseen los derechos sobre el préstamo hipotecario, que deben poner la casa a subasta y hacer frente con los costes de ejecución. Es evidente que si el precio de las viviendas desciende, se subastan a la baja y tienen que pagarse además costes, las pérdidas son inevitables.

[30] Datos extraídos de la lista del Federal Diposit Insurance Corpotation “Failed Bank List”:
http://www.fdic.gov/bank/individual/failed/banklist.html

[31] “When fortune frowned”, The Economist, Oct 9th 2008: “Según sus últimas estimaciones, el FMI calcula que las pérdidas mundiales en deudas originadas en Estados Unidos (fundamentalmente relacionadas con hipotecas) alcanzarán los 1’4 trillones de dólares, con 760 billones anotadas por bancos, compañías aseguradoras y fondos de cobertura”

[32] Steinberg,Federico, La crisis financiera..., Op. Cit., N. 16

[33] Torres López, Juan, La crisis económica..., Op. Cit., N. 10, p. 65

[34] Destacamos y reproducimos un fragmento del artículo de Primo González aparecido en Madrid en el Diario 16 el 30 de noviembre de 1981 en la página 12, que a nuestro parecer refleja bastante bien la dinámica de endeudamiento del Estado que sigue la banca privada. El fragmento en cuestión lo hemos extraído de Beveraggi, Walter, La teoría cualitativa de la moneda, Madrid, SOS Libros, p. 41: “...uno de los fenómenos que está atravesando la Banca y en general el sistema crediticio, es una cierta pérdida de su papel como financiador. Los Bancos y las Cajas de Ahorro tienen una función económica que consiste en recoger dinero del mercado en forma de depósitos para concederlo a sus clientes en forma de inversiones. Este papel se sigue jugando, lógicamente. Pero cuando más de 650.000 millones de pesetas que la banca debería haber prestado a sus clientes se lo tiene que dar al Banco de España para que éste cubra el déficit público y le proporcione al Tesoro los medios necesarios para cubrir sus necesidades crecientes de pago, el papel del sistema financiero se está desvirtuando a marchas forzadas”. “Bien es verdad que a la Banca una cosa así no le viene mal. Y por dos motivos. Primero, porque el dinero que presta al Banco de España tiene una remuneración del 16 por ciento como media, que no está nada mal, sobre todo teniendo en cuenta el bajo coste de manejo de estos recursos. Y segundo porque el Banco de España es un cliente mucho más seguro que los millones de clientes potenciales o reales de los bancos. Así que la Banca gana en rentabilidad y gana en seguridad”.

[35] Medialdea, Bibiana y Ángel María Martínez González-Tablas, Reflexión crítica..., Op. Cit., N. 6, p. 65

[36] Beveraggi, Walter, Op. Cit. N. 14
- - -
Reflexiones de un emboscado - Junio 11, 2009
http://emboscado.blog.com/
.

15 de junio de 2009

WALL STREET FESTEJA. La economía real se hunde.

Lo que nosotros analizábamos y explicábamos 9 meses antes, The Wall Street Journal, el vocero periodístico más emblemático del sionismo financiero imperial lo acaba de "descubrir": Los gigantescos paquetes de estímulo lanzados por los gobiernos han ido a parar a los mercados financieros creando una "burbuja" especulativa que está haciendo subir las bolsas desde hace tres meses, mientras el resto de la economía, principalmente en EEUU y Europa, se desploma. El proceso especulativo, a su vez, ya está generando (con la suba del petróleo y de las materias primas) una espiral inflacionaria que amenaza con profundizar la crisis recesiva con despidos laborales masivos que se extiende por las economías centrales.
Rescates generan "burbuja" especulativa

Wall Street de fiesta: Porque suben las bolsas y se desmorona la economía real

(IAR Noticias) 15-Junio-09
Por Manuel Freytas

IAR Noticias fue el único medio en todo el planeta que lo adelantó y lo explicó (Ver: Reconversión del sistema: EEUU y la UE reciclan una "burbuja financiera" estatal )

Cuando empezaron los rescates bancarios durante la administración Bush señalamos que se trataba de la puesta en marcha de un billonario macronegocio financiero con dinero publico (de los impuestos) utilizando al Estado como herramienta.

En octubre de 2008, señalábamos que "Mediante el "rescate financiero", los Estados imperiales USA-UE reciclan una nueva "burbuja" ganancial no ya con dinero especulativo proveniente del sector privado, sino que ponen compulsivamente los recursos públicos al servicio de un nuevo ciclo de rentabilidad capitalista al margen de una ascendente crisis de la economía real que marcha por vía paralela.

Y agregábamos: "En la práctica, los grandes bancos privados que conforman la Reserva Federal y los bancos centrales europeos actuarán (dentro del esquema funcional del "súper-rescate" financiero) como una supra-entidad prestataria con garantía estatal que manejará un fondo billonario orientado a hacer negocios (también billonarios) con los cadáveres dejados por el colapso financiero mundial".

En marzo de este año señalábamos (Ver: Los "rescates" de Obama: La gran estafa privada con el Estado USA ) : "Mediante los planes de "rescate financiero" emprendidos por el Estado USA hoy gerenciado por Obama, los súper bancos y fondos de inversión nucleados en el sistema privado de la Reserva Federal reciclan una nueva "burbuja financiera", no ya con dinero especulativo proveniente del sector privado, sino con fondos públicos puestos compulsivamente al servicio de un nuevo ciclo de rentabilidad capitalista, y al margen de una ascendente crisis de la economía real que marcha por vía paralela".

Y agregábamos: "El costo de este monumental negocio capitalista con la "crisis capitalista" (que ya está siendo exportado desde EEUU y Europa a los países de la periferia de Asia, África y América Latina) es financiado con el dinero de los impuestos pagados por el conjunto de la sociedad. Se trata, en suma, de una "socialización de las pérdidas" para subsidiar un "nuevo ciclo de ganancias privadas" con el Estado como herramienta de ejecución, mediante el cual los megaconsorcios más fuertes (los ganadores de la crisis) se degluten a los más débiles generando un nuevo proceso de reestructuración y concentración del sistema capitalista".

Lo que nosotros analizábamos y explicábamos 9 meses antes, The Wall Street Journal , el vocero periodístico más emblemático del sionismo financiero imperial lo acaba de "descubrir": Los gigantescos paquetes de estímulo lanzados por los gobiernos han ido a parar a los mercados financieros creando una "burbuja" está haciendo subir las bolsas desde hace tres meses, mientras el resto de la economía, principalmente en EEUU y Europa, se desploma.

"El Promedio Industrial Dow Jones acumula un alza de 34% en los últimos tres meses, lo que lo ubica en territorio positivo en lo que va del año. Uno de los motores del repunte no podría ser más sencillo: los gigantescos paquetes de estímulo lanzados por los gobiernos han ido a parar a los mercados financieros.

El Dow subió 28,34 puntos el viernes para cerrar en 8.799,26, lo que todavía lo deja un 34% por debajo del máximo de 14.164,53 unidades registrado en 2007", señala este lunes The Wall Street Journal.

En tanto los mercados bursátiles no paran de subir, EEUU, la Unión Europea y las diez primeras economías mundiales están en recesión con baja del consumo y despidos laborales masivos.

Mientras las economías de EEUU y la UE padecen una feroz crisis recesiva con quiebra generalizada de empresas del sector industrial y comercial, con despidos laborales masivos, los poderosos conglomerados bancarios que integran el sistema de la Reserva Federal y de los bancos de las potencias centrales reciclan una burbuja ganancial con el Estado como instrumento.

En esencia, el macro negocio financiero con la crisis, en su primer paso con Bush, consistió en "comprar barato": Ofertar y adquirir a precios irrisorios los activos (bonos y acciones devaluadas) de las entidades y bancos quebrados (ejemplo, las compras de entidades quebradas por parte Bank Of América y Morgan Chase).

El segundo paso (con el plan de compra de "activos tóxicos" de Obama) consiste en "vender caro": Revalorizar" esos activos y acciones (en manos de bancos quebrados o de compradores de bancos quebrados) mediante su recompra por parte del Estado USA a valores actuales de mercado.


Todo este proceso financiero recicló finalmente un macronegocio especulativo que, desde hace más de tres meses, impulsa la suba de los mercados bursátiles.

En la realidad, el plan de Obama no es nada más que un reciclado de los planes de Bush: Salva a los bancos y a los que hacen el negocio financiero con los rescates, utiliza el dinero publico para salvar al sistema capitalista de los privados, pero no salva a la economía real ni al presupuesto familiar de los estadounidenses que financian la operación con sus impuestos.

Pero hay algo más: Parte de la billonaria masa de fondos públicos (de los impuestos) volcada en los "rescates" fue a parar a la especulación financiera con el petróleo y las materias primas, lo que ya inició un proceso inflacionario que empieza a desatarse con fuerza en las economías centrales.

Y aunque no revirtió del todo la tendencia deflacionaria de los mercados de importación y exportación (desacelerados), la especulación financiera ´(que hace subir las bolsas) impacta en el costo de los alimentos y de la energía generando inflación y profundizando la baja del consumo, retroalimentando a su vez el proceso recesivo en la economía real.

Y el resultante es obvio: Si (por la inflación) se agrava la baja del consumo, se profundizan la recesión económica y los despidos laborales masivos que ya se empiezan a extender desde las metrópolis imperiales hacia la periferia de Asia, África y América Latina.

Como lo señala el Journal, el macronegocio financiero con los rescates ya fue "exportado" a los países emergentes y subdesarrollados de Asia, Africa y América Latina, donde los gobiernos (títeres de los bancos y corporaciones trasnacionales) repiten el esquema de las potencias centrales utilizando dinero público de sus fondos de reserva para rescatar bancos y empresas privadas.

Por medio de este proceso, los mercados bursátiles de Asia, África y América Latina se suman a la burbuja especulativa financiera exportada de EEUU y Europa.

Señala el Wall Street Journal: "Los gobiernos del mundo están inyectando dinero en sus economías a un ritmo vertiginoso. Debido a que las empresas no pueden colocar miles de millones de dólares en la economía en un lapso tan breve, los fondos han empezado a llegar a los mercados financieros. Algunos inversionistas ya han empezado a hablar de una "burbuja de rescate" en ciertos mercados".

En abril, IAR Noticias precisaba que "Con el falso argumento de "salvar a la región de la crisis", los bancos y trasnacionales del Imperio USA vienen por el "efectivo en caja" que los gobiernos del sur acumularon en sus bancos centrales siguiendo las recetas del "modelo" impuesto desde el norte". (Ver: Efectivo en caja: EEUU y las corporaciones vienen por las "reservas liquidas" ) como por el Wall Street Journal (Ver: La recuperación de EEUU, en un campo minado).

Además de la especulación que genera inflación, la mayoría de los analistas proyectan un agravamiento de la presión fiscal (suba de impuestos) y un recorte de planes y beneficios sociales como el emergente más inmediato del mega-salvataje estatal a la banca imperial iniciada por Bush y continuada por Obama en EEUU.

Lo que incidirá en una mayor suba de precios y recorte del consumo (ya desatados), que se sumarán a los estragos de la crisis crediticia, para potenciar el proceso inflacionario-recesivo en que se encuentra la economía de la primera potencia imperial del planeta.

Pero esta realidad (emergente y paralela en la economía real) no hace mella en la crema de la crema del lobby sionista financiero que, desde la catedral del Imperio, hace negocios (y concentra riqueza) tanto con las "burbujas" como con las "crisis".

Fuente: IAR Noticias
-

16 de mayo de 2009

EL FINANCIARISMO, ESTADIO SUPREMO DEL CAPITALISMO

"...Por ello, el disenso en los márgenes del "financiarismo" a escala nacional o planetaria no es posible sin una revolución global de la conciencia, sin una revisión total de todas las ideologías antiliberales, sin la formulación de una nueva Alternativa integral, una Alternativa que no se dirija a los resultados (el mismo "financiarismo") sino que se enfrente a sus causas (el capitalismo, el liberalismo, el espíritu moderno)..."
por Alexandr Duguin
Aparecido en Elementy Nº 11

¿En qué sistema de coordenadas hay que examinar el fenómeno del "financiarismo"?
¿El capitalismo financiero representa una variante casual de la sustancia común al desarrollo de sistema capitalista? ¿O quizás y al contrario sea la extrema encarnación de todo su proceso lógico, su triunfo?

La respuesta a esta cuestión no se encuentra en los clásicos del pensamiento económico, dado que su horizonte estaba limitado a la fase industrial del desarrollo capitalista, tendencia general de la época en la cual (sobre todo los marxistas) indagaron de modo correcto y completo. La sociedad posindustrial constituye, en muchos aspectos, una realidad oscura; para su estudio no existen clásicos reconocidos, si bien muchos autores han profundizado ampliamente en este fenómeno.

Ahora bien, comprender el "financiarismo" es a nosotros a quien corresponde, nos plazca o no.

Prepararse para un examen adecuado del tema requiere una perspectiva histórica del paradigma económico, observando el fenómeno del "financiarismo" no simplemente desde un punto de vista de la cronología cuantitativa, sino también desde el punto de vista de la relevancia cualitativa de este fenómeno en el contexto general del desarrollo de los modelos económicos.

Pero es aquí, en el estadio cero de impostación del problema, donde encontramos una incertidumbre, incertidumbre en cuanto al correcto cuadro de análisis. ¿Existe una única historia de la economía? Y si existe tal única historia, ¿tiene una (o varias) versión(es) alternativa(s)? Esta historia única de la economía es la reconocida como tal por las posiciones liberales (el capitalismo es la expresión del más moderno y progresivo paradigma de la economía) como por las posiciones marxistas (el socialismo es la superación del capitalismo, por lo tanto la expresión del más moderno y progresivo paradigma de la economía). Pero nosotros intentaremos tomar otra dirección (formularemos "heterodoxia económica"), la cual no evaluará el paradigma económico según esta tosca fórmula (progresivo-no progresivo), como hacen los economistas clásicos. Esta escuela económica de la "tercera vía" (que he expuesto ampliamente en la colección de ensayos "Colección Económica-Filosófica") (1), a pesar de contar en sus filas con economistas y filósofos de gran altura, continúa permaneciendo marginal.

Valoración problemática del financiarismo en la óptima marxista

Los eventos de los últimos diez años han supuesto un suceso particular en la línea histórica de la economía liberal. Fue en la corriente del pensamiento económico y filosófico liberal donde nacieron las primeras teorías de la sociedad posindustrial. El pensamiento marxista adolece de una incapacidad para escapar de los confines del paradigma industrial, y el drama del derrumbe del sistema soviético adquiere en la historia de esta falla conceptual acentos inequívocos.

El sistema liberal ha sabido:

- Eludir las revoluciones socialistas.
- Disolver el proletariado.
- Prevenir su consolidación en un partido revolucionario activo sobre la escala mundial
- Vencer en la guerra ideológica contra el campo marxista.

Bajo estos aspectos, el modelo liberal ha terminado por superar la amenaza del marxismo.

Otra cosa es que, desde unas posiciones de ventaja táctica, sepamos qué hacer con esta importantísima conclusión conceptual. Reconocemos que para ciertos grupos con determinadas concepciones del mundo, esta conclusión será aceptada sólo con muchísima dificultad, y que el mismo pensamiento de tal generalización parecerá ofensivo a más de uno. Más aún, una gran cantidad de factores aceptados por o vecinos a tal pensamiento, pero que son propios del paradigma liberal –y por lo tanto de su capitalismo consecuente- son los que constituyen el paradigma económico que encarna en sí el mismo espíritu del mundo moderno. El liberal-capitalismo se ha revelado como el único régimen actual económico, que inclusive incluiría al mismo marxismo (y a otros modelos de la "tercera vía").

Y de ser esto así, entonces, los sistemas socialistas-marxistas deben ser descifrados a posteriori no como menos adecuados, pues ostentan también el moderno paradigma de la economía. Todo es mucho más complejo: la orientación anticapitalista y las premisas filosóficas que se encuentran en los mismos fundamentos del modelo económico del socialismo marxista, en estos momentos se hacen visibles bajo una especie de tendencias relativamente antimodernas a la economía, y no sólo respecto a la economía. No son un callejón sin salida, sino el último combate (velado, estilizado exteriormente bajo la "modernidad") del paradigma antimoderno de una visión del mundo que se expresa en la historia y en la praxis económica (2).

Hoy, las posiciones marxistas valen menos que un dos de picas: no solo (no tan solo) las previsiones de Marx sobre la transición del Occidente industrializado al socialismo no se han realizado, no sólo se han realizado en el Oriente del modo agrario-asiático de producción, sino que también se ha barrido con el último argumento del hecho de la existencia del marxismo (y del marxismo victorioso, realizado como acto voluntarista, el marxismo blanquista, leninista) en vastos sectores del planeta.

En esta situación, ¿cómo predicar que el marxismo constituye un fenómeno más "progresivo", en su significado tradicional del curso de la historia mundial (la socorrida "necesidad histórica"), una vez vistas sus direcciones reales? No, no es posible. La propia óptica histórica marxista fracasa en cuanto que el socialismo constituye en verdad el resultado de un esfuerzo general resuelto, el producto no del curso objetivo de la historia, sino precisamente de la insurrección contra ese "curso objetivo", es fruto de una insurrección heroica, de un acto de heroísmo psicológico moral, en el cual la tensión máxima fundió en un abrazo a las élites revolucionarias y a las masas de las naciones. La especificidad geográfica y cultural de los países donde venció el socialismo es inexplicable desde la ortodoxia marxista, y también es inexplicable desde la mera casualidad. La geopolítica corrige a la economía política (3).

El socialismo venció en los países de Oriente adversarios a las orientaciones y a las prioridades occidentales en los planos cultural, histórico, étnico y religioso. El mesianismo escatológico eurasista ruso (y "hebreo heterodoxo") de los comisarios se reveló pronto un argumento más poderoso que las abstracciones de Marx sobre la economía política. El universalismo marxista nunca se demostró una idea-fuerza válida, e incluso el marxismo como medio lingüístico-conceptual no ha podido levantarse de entre las ruinas del Imperio Soviético.

Toda tentativa de descifrar hoy en día el fenómeno del "financiarismo" desde una óptica marxista ortodoxa es un empeño notoriamente infructuoso, porque esa misma ortodoxia se ha destruido. Así es que preliminarmente se nos presenta la tarea de superar un desafío más serio: una explicación marxista no contradictoria de las paradojas del siglo XX y sobre todo del destino trágico del socialismo marxista en su último decenio. Pero nos parece que esto no es posible, porque tal explicación ya no sería marxista…

A la inversa, el liberalismo ha tenido las bases para analizar el fenómeno del "financiarismo" según su óptica personal. El movimiento hacia una economía puramente financiera sería en este caso un estadio más moderno y más "progresivo". En la medida en que el mismo capitalismo es moderno y "progresivo", más "progresivo" y "moderno" es el financiarismo.

"Dominio real del Capital"

El liberalismo ha asimilado de la visión del mundo socialista (y en concreto del marxismo) todo lo que desde un punto de vista paradigmático no ha contradecido los fundamentos de la lógica capitalista, y ha destruido sus formas remanentes –en efecto rigurosamente alternativas- al término de una guerra ideológica, económica y geopolítica.

La fase de desarrollo posindustrial del capitalismo, cuando propiamente transita al estadio de economía puramente financiera, coincide con la fase de globalización y totalización del mismo paradigma liberal. El financiarismo es un módulo de estadio del desarrollo del paradigma capitalista. Y por otra parte es un módulo ligado a las transformaciones de este paradigma en todo lo que no tiene alternativa. El financiarismo es un límite lógico, hacia el cual es atraído el desarrollo más autosuficiente del capital.

Marx (en el libro VI inédito de "El Capital") ha descrito esto como un ciclo posible del "dominio real del capital", que sobreviene cuando en la precedente fase del "dominio formal" el sujeto proletario alternativo, revolucionario, no ha vencido en la batalla. Este tema marxiano de la no-predeterminación, de espera al éxito final de la batalla mundial entre Trabajo y Capital, siempre ha sido considerado como el foco-madre de todos los marxismos ortodoxos (7).

Así es como surge la idea de colocar al "financiarismo" en la zona escatológica de la historia económica del desarrollo capitalista. Tal acercamiento sería perfectamente correcto desde el punto de vista de las principales tendencias del desarrollo capitalista, que consisten en el progresar de la alienación. Al inicio existe la alienación de los resultados del trabajo respecto a los productores, seguida de la alienación de la plusvalía, seguida de la alienación de toda la esfera de la producción del sistema de crédito bancario, finalizando en la traducción de toda la economía en el modo de la especulación financiera virtual.

Liberalismo como alienación, "progreso" como decadencia

El financiarismo corona la lógica del capitalismo y representa en sí el último (supremo) estadio de la alienación.

En tal proceso de alienación total se muestra propia y claramente el curso natural del desarrollo histórico desde la óptica de la sociedad tradicional. Pero en la Tradición surge constantemente el tema de los héroes, de los profetas y de los salvadores que resisten contra la entropía histórica, contra la gravitación de lo existente (y en cierto sentido a tal insurgencia "pre-escatológica" pueden añadirse como miembros de pleno derecho Marx y su doctrina). Pero tarde o temprano también estas iniciativas caen bajo las máquinas del destino, agravándose entonces las condiciones apocalípticas.

Este punto de vista tradicionalista presenta el "progreso", el "curso natural del tiempo", la "modernidad", como destino en cuanto que mal, como caducidad, como inercia de una masa pesada, consecuente desgaste del ser. Para los tradicionalistas, la historia es alienación.

La historia de la civilización es vista como alienación en Rousseau (el "buen salvaje", corrompido por la sociedad), en Hegel ("alienación de la Idea Absoluta") y en Marx ("distanciamiento del comunismo primitivo")

Las revueltas planificadas ("democracia correcta" en Rousseau, "Estado Prusiano" en Hegel, "Revolución Mundial" en Marx) no intentan sino detener la inercia de la historia. Así, el "fin del mundo" (según los cristianos, como evento ontológicamente afirmativo) vendrá después de la era del Anticristo. Y la llegada del Anticristo se reconoce como el signo cierto de la Segunda Venida. Pero esto, naturalmente, no significa que la noticia de la proximidad de la Segunda Venida sea difundida por el "príncipe de este mundo". Alcanzado el máximo de alienación, significa que ésta llega a su límite, que este proceso mortal será erradicado de la mano derecha que se sostiene en el principio trascendental.

Economía financiera y dialéctica del mal

El liberalismo es la tendencia natural del desarrollo de la "filosofía de la economía" vuelta autónoma, desatada de todas las estructuras sociales de valores en su encarnación cualitativamente moderna. El financiarismo representa en sí la cumbre del desarrollo de la economía moderna. O sea, la constancia del status quo.

Cuestión diferente es la valoración del "financiarismo", y más en general de la completa línea de desarrollo económico liberal-capitalista. Si el "financiarismo" ("dominio real del capital") se muestra ante nosotros con tintes oscuros, entonces nosotros (consecuente o inconsecuentemente) nos encontramos en una plataforma alternativa al espíritu de la modernidad. Y ello implica que (consciente o inconscientemente) no nos adherimos a los discursos sobre el "progreso", ni sobre el "curso natural de la historia" (comprendida la historia económica), implica que consideramos inmoral la entropía histórica y que deseamos oponernos a ella. Y en tal caso, lo consecuente es revolverse –de forma voluntarista, leninísticamente- no sólo contra todo ese arsenal de puntos de vista "financieros" sobre la economía, sino contra todos los modelos económicos modernos o antimodernos que no se fundamenten en "lo heroico" (según el término de Werner Sombart), en el impulso a la superación del malvado curso del mundo contemporáneo. En palabras de Evola: "No es el valor de un sistema económico o de otro lo que hay que cuestionar, sino de la misma economía en sí".

El "financiarismo" no es un problema mecánico, una desviación del paradigma económico del capitalismo, sino una etapa normal de su desarrollo, la etapa de su triunfo mundial.

El lamentarse del hecho que los volúmenes de la especulación financiera de las bolsas mundiales superen en mucho los balances de los países desarrollados, o que las transferencias ficticias de capitales por las redes bursátiles internáuticas impiden el desarrollo de los sectores productivos, desviando a los inversores hacia las esferas de la economía ilusoria, es estúpido además de irresponsable. La alienación de la finanzas de la esfera productiva, la virtualización de la sustancia económica es el cumplimiento final del desarrollo capitalista.

El indemostrable imperativo de la revolución

Podríamos decirnos completamente de acuerdo con aquellos pronósticos catastróficos que vienen siendo hechos a propósito de tales tendencias éticas por analistas imparciales. Efectivamente, el crecimiento de la economía virtual ha dañado los sectores reales de la producción y amenaza con la catástrofe económica. El elemento de información de la sociedad posmoderna aspira a sustituir definitivamente a la realidad, remplazándola por la ilusión de los sistemas operativos. Y en un cierto momento esto será fatal.

Pero esto, según la óptica de las sociedades tradicionales (y de otras doctrinas antiliberales), es la lógica absoluta de todo proceso inmanente en el cual no intervengan (bien porque no quieran bien porque no puedan) principios trascendentes. El capital (como máxima alienación, como total reducción al principio material cuantitativo) hace ya mucho tiempo que aspira a ser el sujeto único de la historia humana. Con el "financiarismo" lo ha conseguido. En su representación ha vencido mucho más fácilmente que en el original. La economía ficticia virtual se ha sobrepuesto al mismo principio de la realidad económica, así como la realidad de la economía se sobrepuso a su ontología (pues según su propia ontología, la economía no podía ser independiente, se derivaba por necesidad de formas supraeconómicas, metafísicas y sociales)

Cualquier antítesis al "financiarismo" (también las teóricas) no puede manifestarse desde los precedentes del desarrollo del capitalismo.

La economía es también una lengua, y en esta lengua es posible formular cualquier mensaje. El modelo liberal de economía ("economicismo") es el mensaje del triunfo de la alienación y de la entropía, de la atomización del conjunto social, político, cultural e histórico. Este es el mensaje del "espíritu de la modernidad", el mensaje del iluminismo. Tanto los "izquierdistas" (democráticos radicales, rousseanianos, comunistas) y los "derechistas" (fundamentalistas, tradicionalistas, integristas) hace ya tiempo que descifraron las novelas liberales (en los filósofos John Locke, Jeremy Bentham, John Mill y en los economistas Adam Smith y David Ricardo) como encarnación del mal en el mundo, como disolución de toda esencia orgánica. Este es el espíritu funesto de la modernidad, fundado sobre el "exilio de los dioses" (Heidegger), sobre la "muerte de Dios" (Nietzsche), sobre el "desarraigo" (Marx).

El "financiarismo" no es nada esencialmente nuevo, sino el liberal-capitalismo en su forma más pura. Es la "modernidad" completamente victoriosa (y vencedora) sobre sus antítesis.

Por ello, el disenso en los márgenes del "financiarismo" a escala nacional o planetaria no es posible sin una revolución global de la conciencia, sin una revisión total de todas las ideologías antiliberales, sin la formulación de una nueva Alternativa integral, una Alternativa que no se dirija a los resultados (el mismo "financiarismo") sino que se enfrente a sus causas (el capitalismo, el liberalismo, el espíritu moderno).

Es impensable concebir una alternativa desde las esferas simplemente económicas. La Alternativa deberá ser trascendente respecto a todos los discursos modernos, a todos los lenguajes de la modernidad. Y sólo después, cuando se haya forjado el paradigma filosófico global de la Revolución Final, la Alternativa podrá ser revestida de una forma económica, como método pragmático de exposición de un imperativo trascendente, inductivamente indemostrable y empíricamente no-evidente.

Esta es la función de los "nuevos profetas", de los "nuevos salvadores", de los "nuevos héroes".

El antifinanciarismo debe ser el nivel superficial de una más profunda y radical lucha contra el capitalismo y el liberalismo, lucha que pide la exigencia de no derivarse de intereses pragmáticos, sino de la dignidad de la especie humana, especie que ha clamado demasiado en el abismo del mundo desencantado y de la muerte de Dios, especie que no nació para perpetuar el nihilismo, sino para reconocerse en una elevada ontología, en la sacralidad, la justicia, la fraternidad, la libertad y la inigualdad.

Notas
1.Publicada en "Elementy", números 5 al 9; también se encuentra publicada en el almanaque "El Ángel deseado". No tenemos constancia de traducción al español.
2.Ver, Alexandr Duguin, "Los paradigmas del fin", en Elementy, nº 9
3.Ver, Alexandr Duguin, "Los paradigmas del fin".
4.Ver, Jean-Marc Vivens, "Del dominio formal del Capital a su dominio real", en Elementy nº 7


emboscado.blog.com
.

20 de abril de 2009

Strauss-Kahn: "El efecto benéfico del Fondo"

Pregunta (El País). ¿Latinoamérica será la próxima región con problemas?

Respuesta (Strauss-Kahn). Cualquier parte del mundo puede serlo. Hace dos años nadie hubiese dicho que Estados Unidos sería el mayor reto. Ahora lo es Europa del Este. América Latina no está en una mala situación: ha acumulado muchas reservas. Ahí podríamos ver un efecto benéfico del Fondo: como esos países tenían malos recuerdos de los préstamos del FMI, prefirieron no tener que acudir más al Fondo y acumularon reservas. Pero eso no quita que pueda haber problemas.

El País - España. 4/4/2009


STRAUSS-KAHN Director gerente del Fondo Monetario Internacional la tiene clara.

El efecto benéfico del Fondo es ... mantenerse alejado de él.
.

11 de abril de 2009

Fuegos artificiales del G20

Obama y Brown, para que nada cambie

La facción dominante del sistema ganó una batalla estratégica. La llamada crisis esconde una guerra feroz al interior del capitalismo hegemónico.

Brown y Obama reafirmaron la alianza estadounidense-británica.

Unidos, como siempre


Por Víctor Ego Ducrot | Desde Buenos Aires

Días antes de la cumbre de Londres, los cañones mediáticos tiraron con munición gruesa sobre la conciencia y el imaginario de millones de personas en el mundo. Estábamos ante el alumbramiento de un nuevo orden internacional. Sin embargo, la secular asociación estratégica entre Estados Unidos y Gran Bretaña se mantiene pie y logró un importante triunfo. En ese sentido, Obama y Brown perfeccionaron el ya de por sí aceitado engranaje que habían puesto a funcionar George W. Bush y Tony Blair, tanto en Irak como en otros escenarios políticos, militares y económicos.

El presidente de Estados Unidos y el primer ministro británico, con la anuencia más o menos calurosa, más o menos recatada de los otros lideres reunidos en le reciente Cumbre del G-20, sostuvieron que el resultado de la reunión marcó “un giro histórico”, que “el Consenso de Washington ha llegado a su fin” y que “un nuevo orden mundial está naciendo”.

Veamos lo que acordaron los reunidos en Londres el 2 de abril.

Restablecer la confianza, el crecimiento y el empleo; reparar el sistema financiero para restaurar el crédito; reforzar la regulación financiera para reconstruir la confianza; financiar y reformar nuestras instituciones financieras internacionales para superar esta crisis y evitar crisis futuras; fomentar el comercio y la inversión globales y rechazar el proteccionismo para apuntalar la prosperidad; construir una recuperación inclusiva, ecológica y sostenible. ¿Acaso algún documento internacional de similar pretendida magnitud de los firmados en el marco del programa neoliberal global, consagrado por el Consenso de Washington, se pronunció en un sentido contrario a los enunciados del 2 de abril que acabamos de citar? Los acuerdos que hemos alcanzado hoy constituyen un programa adicional de 1,1 billones de dólares de apoyo para restaurar el crédito, el crecimiento y el empleo en la economía mundial. Las medidas son las siguientes: triplicar los recursos a disposición del FMI hasta los 750.000 millones de dólares; apoyar una nueva partida de Derechos Especiales de Giro (DEG) de 250.000 millones de dólares y al menos 100.000 millones de dólares en préstamos adicionales por parte de los bancos multilaterales de desarrollo (BMD); garantizar 250.000 millones de dólares de apoyo para la financiación del comercio; y utilizar los recursos adicionales de las ventas de oro acordadas por el FMI para la financiación concesional de los países más pobres. El FMI y las otras instituciones vertebrales del modelo financiero hegemónico resultaron no sólo inalteradas sino fortalecidas, con una inyección de fondos multimillonaria, aplicable conforme a los mecanismos de siempre, por cierto no corregidos. Es decir más FMI, por ejemplo.

El resto de los 29 puntos del programa anunciado en Londres contiene cálculos conocidos, declaraciones de buena voluntad y promesas, ninguna de ellas contraria al lenguaje políticamente correcto utilizado por los denominados líderes mundiales en cualquiera de los tantos documentos firmados y cónclaves reunidos. Cuando masacraron a Irak, por acción u omisión, muchos de los Estados recién congregados en la cita londinense dijeron que actuaban “en nombre de la libertad y la democracia”.

El resultado concreto de la pasada Cumbre del G-20 consiste en una nueva inyección de fondos multimillonarios para los actores centrales del sistema financiero global y corporativizado, que se suman a las ya aplicadas por la Administración Obama y por las autoridades bancarias de los denominados países centrales del sistema capitalista-imperialista.

En su momento, los cañones mediáticos calificaron de nacionalizaciones a las compras de pasivos financieros por parte de los Estados -se llegó a imponer la farsa de que Estados Unidos “nacionalizaba” la banca-, falsa calificación que esconde a una de las operaciones más profundas de privatización del Estado y de sus funciones políticas.

Ahora, esa misma artillería habla de “nuevo orden mundial”, para encubrir la profundización estratégica del modelo neoliberal, al que nosotros denominamos Imperio Global Privatizado (IGP). (ver libros “El color del dinero” y “Bush & Ben Laden S.A.”; Ego Ducrot, Víctor; Norma; Buenos Aires; 1998 y 2001 respectivamente, y “América Latina Siglo XXI: recolonización independencia”; Calloni Stella y Ego Ducrot, Víctor; Norma, Buenos Aires; 2004)

Los gobiernos estadounidense y británico están sinceramente convencidos de que el mejor camino para la resurrección de una economía en estado de coma son los paquetes de estímulo, aún a costa de déficits astronómicos y peligrosos. Francia y Alemania prefieren prevenir antes que curar. Con los ojos puestos en el PBI y sin dejar posiciones ideológicas fuertes, la alemana Angela Merkel, en coincidencia con Nicolas Sarkozy, prioriza regular la banca y el control o eliminación de los paraísos fiscales. En análisis como ese coincidían casi todos los grandes medios de comunicación durante los días previos a la Cumbre.

Conclusiones: en primer lugar, tal esquema reproducía una constante del mapa de alianzas sobre el tablero de disputas hacia el interior del IGP, y, en segundo término, una vez más la balanza se inclinó hacia el entendimiento Atlántico entre Estados Unidos y Gran Bretaña, entendimiento que comenzó muy poco después de la independencia de Estados Unidos, a fines del siglo XVIII, y es llevado a cabo a través del pasaje de grandes asentamientos bancarios y financieros del Reino Unido hacia las ex colonias.

Habrá que ver como continúan las escaramuzas por el control de las multimillonarias masas financieras globales a partir del cónclave del 2 de abril. Y habrá que prestarle mucha atención a dos fenómenos que serán determinantes: China y la lucha por el control de los paraísos fiscales.

China ya es gran protagonista estratégico del actual siglo y propone remplazar el dólar por el yuan en los intercambios; sin embargo sus colocaciones financieras mayoritarias continúan en dólares, lo que le permite dormir tranquilo a Estados Unidos.

De todas formas, iniciativas como el reciente acuerdo comercial con Argentina, por fuera de la denominación dólar, pueden ser herramientas de trascendencia a considerar. En ese marco es donde América Latina tiene la necesidad urgente de crear condiciones propias de acumulación para lograr peso específico y voz propia, lo que aun no ha logrado con claridad, y el resultado de la cumbre de Londres así lo demuestra.

Considerar que el primer ministro británico y el vicepresidente de Estados Unidos por un lado, y Argentina y otros países de América Latina, por el otro, comparten un espacio estratégico común y además denominarlo progresista es, en el mejor de los casos, una muestra de ingenuidad imperdonable.

Dejamos para el final, la clave secreta del actual modelo de acumulación financiera y de poder: los paraísos fiscales.

En el ya citado libro “El color del dinero” se demuestra que sin ellos el capitalismo no hubiese podido consolidarse, porque el ennegrecimiento sistémico de una parte sustancial de los activos permitió la creación de lo que algunos denominamos renta financiera marginal.

La mayor parte de la masa dineraria radicada en paraísos fiscales -más de dos billones de dólares (algunos economistas calculan que “esconden” el 40 por ciento del ahorro mundial)- se encuentra radicada en instituciones off shore controladas por bancos y entidades no bancarias de origen estadounidense, lo que explica la preocupación no satisfecha que Francia y Alemania llevaron a Londres.

Más allá de las flamantes promesas del G 20 contra los paraísos fiscales, la historia indica que el capitalismo carece al menos de un atributo: el de contar con espíritu suicida. Por lo que es lícito deducir que esas actividades en las que incurren todos los bancos del planeta -si no sus rentabilidades serían menores, cuando no nulas- no serán erradicadas.

Al respecto vale la pena leer parte de un artículo publicado en Buenos Aires por el diario Página 12, horas después de concluida la reunión de Londres: Se acabó la era del secreto bancario, sentencia el comunicado final del G-20. Para fortalecer el sistema financiero global, los países miembros acordaron imponer “sanciones” sobre aquellos territorios que se nieguen a compartir información con las autoridades de otros países. Más allá de la enfática declaración, las distintas jurisdicciones que funcionan como paraísos fiscales deberán adherir e implementar las prácticas de transparencia impositiva recomendadas por la ONU. Las multinacionales y bancos que canalizan y blanquean su dinero a través de los refugios fiscales relegan a un segundo plano la posibilidad de llevar adelante mayores controles sobre las operaciones de estos territorios. Apurado por el G-20.

Respecto del modelo neoliberal pedimos, como lo hiciéramos en algún otro artículo de APM, por favor no enterremos a los muertos que gozan de buena salud. No sea que estemos suicidándonos.

APM Agencia Periodística del Mercosur
.