8 de abril de 2010

El totalitarismo opaco de la Reserva Federal

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por Alfredo Jalife-Rahme


Hoy los totalitarismos posmodernos son financieros. El practicado por la Reserva Federal (la Fed) –la entidad más antidemocrática del mundo en cantidad y calidad– es mucho peor en su profundidad y en sus alcances que los conocidos totalitarismos políticos del siglo XX, debido a su opacidad y a su control del sistema político de Estados Unidos.



Audrey Fournier, de Le Monde (5/4/10) –rotativo cercano a la cancillería francesa–, examina los opacos manejos totalitarios de la Fed y el levantamiento del velo de los activos tóxicos que heredó, durante el rescate de finales de 2008, de dos entidades financieras mayúsculas: la fétida aseguradora AIG y el hediondo banco de inversiones Bear Stearns (adquirido por el no menos pestilente JP Morgan-Chase).

La Fed fue obligada a exponer mínimamente la punta del iceberg de sus hazañas de ocultamiento y alquimia contables por dos sentencias judiciales, debido a la presión de la ciudadanía y algunos legisladores todavía patriotas.

Como si no se supiera, ahora resulta que tales activos son todavía más tóxicos de lo previsto y alcanzarían 80 mil millones de dólares.

Fournier se asombra de la distribución perversa de tales activos tóxicos incrustados subrepticiamente en una serie de vehículos financieros complejos, como los ominosos credit default swaps (CDS) y cuyos alcances letales han hecho del putrefacto sistema financiero anglosajón un verdadero nudo gordiano que requiere ser desatado por un conquistador de la talla de Alejandro el Magno para salvar el planeta de las garras de la plutocracia bancaria anglosajona de Wall Street y la City.

Tales activos tóxicos no pasan la prueba del ácido de la tripleta oligárquica-oligopólica de las autocalificadoras anglosajonas (Moody’s, Standard &Poor’s y Fitch), quienes por enésima vez no se percataron deliberadamente de su virulencia diseminada.

Fournier no entiende por qué no se rescató a Lehman Brothers, al tiempo que se salvaba a la aseguradora AIG y a Bear Stearns repletos de activos podridos (sic).

Fournier destaca que ha perturbado la opacidad, mucho más que el rescate per se, y se centra en la exhibición del oscurantismo contable de la Fed, que ocultó la mediocridad de los activos tóxicos que han perdido gran parte de su valor. Pero, ¿cuál valor? ¡Si están quebrados!

Cita la opinión higiénica de Marvin Goodfriend, economista de la Universidad de Carnegie Mellon, quien en las páginas de la revista Business Week (poéticamente quebrada y anterior propiedad del grupo de la autocalificadora Standard &Poor’s, y luego adquirida por Bloomberg) fustiga la intromisión de la Fed en la política fiscal: un dominio de la Secretaría del Tesoro y el Congreso.

¿No se percata Goodfriend que Estados Unidos vive bajo el totalitarismo de la plutocracia financiera de Wall Street, dominado por los Madoff, Greenspan y Bernanke, coincidentemente miembros conspicuos del sionismo financiero global? ¿Hasta cuándo? Pues hasta que el Pentágono, otra supraestructura oligárquica de mayor poder, ponga en orden a la Fed.

The Christian Science Monitor, citado por Fournier, fulmina que el acuerdo fue realizado a puerta cerrada y sin nula supervisión del Congreso. Por lo visto, en materia de opacidad financiera Estados Unidos es tan medievalmente primitivo como el México neoliberal.

En forma lúcida, Fournier concluye que, además del daño causado al funcionamiento democrático (sic) de las instituciones de estadunidenses, la conducta de la Fed estimuló a otros bancos, algunos rescatados por el gobierno, a realizar riesgos considerables.

Fournier soslaya la estructura anómala –única en el mundo porque compendia la verdadera plutocracia reinante– de la Fed que incluye en su seno a numerosos bancos privados en un matrimonio anticipado del verdugo con su víctima y que ni siquiera emite su propia moneda (tarea del Departamento del Tesoro).

Sigue más vigente que nunca el libro Secretos del templo: cómo la Reserva Federal controla el país, de William Greider, escrito hace más de 20 años y que habría que actualizar con la exhumación de los derivados financieros.

Fournier se queda en el umbral de los infiernos financieros y no profundiza en el papel tras bambalinas de BlackRock, que maneja en forma triangulada tales activos tóxicos: bombas durmientes inventadas por la plutocracia de Estados Unidos presuntamente para dominar al mundo.

La traducción de BlackRock es inigualable: roca negra, a no confundir con otra financiera siniestra, Blackstone, implicada en el cobro de los seguros de las torres gemelas de Nueva York (ver Bajo la Lupa, 26/9/04) y controlada por Peter G. Peterson, anterior secretario de Comercio de Richard Nixon, y Stephen A. Schwarzman, miembro del club fantasmagórico Huesos y Calaveras, de Yale (donde opera el cordobista Zedillo: el sepulturero de las finanzas mexicanas).

BlackRock constituye otra entelequia oscura de la piratería financiera anglosajona: firma de inversiones con sede en Nueva York que maneja una azorante cartera de 3,35 millones de millones (trillones en anglosajón) de dólares, equivalente al PIB (nominal) de Alemania.

Pese a su negrura contable y fiduciaria, BlackRock se convirtió en el mayor manejador de dinero del mundo. Pero una cosa es manejar su cartera propia y otra la de sus clientes que manejan a su vez 9 millones de millones (trillones en anglosajón) de dólares, equivalente al doble del PIB de China.

Aparte de la basura financiera de la Fed, ¿qué tanto y para quién recicla BlackRock?

Los controladores aparentemente legales de BlackRock son Bank of America (34.1 por ciento de sus activos), el muy turbio PNC Financial Services (24.6 por ciento) y la británica Barclays PLC (19.9 por ciento) que no requiere adjetivos. ¿Quiénes dispondrían del restante 21.4 por ciento de sus acciones?

¿Por qué dos bancos gigantescos globales, como el estadunidense Bank of America y el británico Barclays, ya no se diga la Fed, necesitan como oxígeno la existencia triangulada de una entidad financiera tan negra como BlackRock?

El mandamás de BlackRock es Lawrence Fink (su hijo Joshua, de 30 años, merece un libro especial), inventor e instrumentador de una de las mayores basuras financieras de la historia de la humanidad: los célebres mortgage-backed-security (MBS, por sus siglas en inglés: un género de derivados financieros basados en seguros hipotecarios de alto riesgo).

¿Por qué la Fed, en la etapa aciaga de Ben Shalom Bernanke, recurre al verdugo que victimó a millones de impotentes ciudadanos de Estados Unidos, el inventor de los putrefactos MBS: causal primaria en precipitar la crisis financiera global?

Como que suena muy extraño y ha de haber algo muy profundo en los avernos financieros de los activos tóxicos en Estados Unidos, que ya empiezan a ser desenmarañados (que no se olvide que nos encontramos en un mundo totalitario, opaco, tenebroso, inmundo e infernal) y que apunta al despliegue de una silenciosa guerra financiera global, que probablemente hayan decretado contra el mundo los dioses (sic) del dinero de Nueva York y la City, como expone William Engdahl (RT, 5/4/10), cuya tesis de una guerra económica encubierta del sistema dólar merece ser desarrollada.

La Jornada - México
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4 de abril de 2010

Los evasores van al paraíso.

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Entre 30 y 40 por ciento de los impuestos que deberían recaudar los países en desarrollo terminan en paraísos fiscales. Esos pasajeros clandestinos suman cada año un billón de dólares a la fuga de capitales desde el mundo "pobre".




Economia: Evasión impositiva se globaliza
Hilaire Avril entrevista al periodista financiero Xavier Harel - IPS

Las cifras se encuentran en el libro "La grande évasion: le vrai scandale des paradis fiscaux" (La gran evasión: el verdadero escándalo de los paraísos fiscales), escrito por el periodista francés Xavier Harel, del diario financiero La Tribune.

Pero el problema también afecta a las naciones industriales. En Francia solamente cuatro de las 40 mayores empresas cumplen con el pago del impuesto de 33 por ciento a las ganancias corporativas.

En Gran Bretaña, dos tercios de las 700 corporaciones más grandes aportaron menos de 15 millones de dólares en impuestos a las ganancias entre 2005 y 2006, según la Oficina Nacional de Auditoría. El tercio restante simplemente no aportó al fisco por ese concepto.


Según Harel, los esquemas de "optimización impositiva" le cuestan a la Unión Europea unos 200.000 millones de euros (más de 268.000 millones de dólares) por año, dos veces el presupuesto de ese bloque de 27 países. Y al gobierno de Estados Unidos, unos 100.000 millones de dólares.


Esos regímenes constituyen una trampa mortal para los sistemas fiscales africanos mediante la fijación de los precios de transferencia entre filiales locales de corporaciones transnacionales, dijo Harel en una entrevista exclusiva con IPS.


Esas filiales pueden manipular los precios de transferencia con el fin de localizar las rentas en la jurisdicción que ofrezca mayores beneficios impositivos.


IPS: ¿La fuga de capitales de África alcanzaría las dimensiones que tiene si no existieran los paraísos fiscales?


XAVIER HAREL: No se necesitan paraísos fiscales para sacar capitales usando la incorrecta fijación de los precios de transferencia. Sin embargo, para una subsidiaria de una empresa multinacional que produce, por decir algo, cobre en Zambia, es una gran tentación canalizar sus ingresos a través de paraísos fiscales.

Esto permite a las empresas localizar sus ganancias en esos paraísos, que por definición no cobran impuestos, y localizar los costos en los países donde se asienta la producción, minimizando allí los montos de ganancias imponibles.

Un informe de Raymond Baker, que dirige el instituto Global Financial Integrity, estima que la manipulación de los precios de transferencia representa entre 98.000 y 106.000 millones de dólares de pérdidas fiscales para los países en desarrollo.

IPS: La mayoría de las noticias sobre fuga de capitales en África se refieren a los países petroleros, pero su libro pone ejemplos de todo el continente.

XH: Sí. Encontré una investigación de Simon Peck, un académico que estudia esas prácticas con fines de evasión fiscal corporativa en el comercio entre África y Estados Unidos, donde se citan una cantidad de casos interesantes.


Peck revisó registros aduaneros estadounidenses y halló, por ejemplo, secadores de pelo vendidos a Nigeria a 3.800 dólares por unidad o reproductoras de casetes a 1.400 dólares. O neumáticos exportados a Ghana que costaban 3.300 dólares cada uno.

IPS: ¿El Banco Mundial y otras agencias donantes y promotoras del desarrollo están conscientes de este problema?

XH: Parece que sus radares no lo detectan. Su mandato es financiar el desarrollo mediante proyectos, ya sea en infraestructura, salud o ambiente. Pero la recaudación eficaz de impuestos no está entre sus preocupaciones.

IPS: Su libro deja la sensación de que los sistemas impositivos de África están completamente sobrepasados.

XH: Así es. Está más allá de sus capacidades técnicas y humanas hurgar en los libros contables de las corporaciones. Pero esto no es una sorpresa cuando en Francia, por ejemplo, la autoridad impositiva afirma que se las ve difíciles tratando de entender las declaraciones de rentas de las empresas que cotizan en la bolsa de valores de París.

Los países con recursos limitados para recaudar impuestos difícilmente puedan descubrir los intrincados esquemas financieros que las multinacionales usan para evadir. Por lo que sé, ningún país africano ha investigado alguna vez a una empresa por manipular los precios de transferencia y eludir al fisco.

IPS: Los países del Grupo de los 20 interesados en reformar el sistema financiero internacional se expresaron en duros términos el año pasado contra los paraísos fiscales y se comprometieron a eliminarlos y a poner fin a la evasión. ¿Qué ha pasado desde entonces?

XH: Hay dos formas de verlo. Uno podría decir que el ataque coordinado a esos paraísos por parte de las 20 mayores economías del mundo fue inédito. Había clima para hacerlo cuando estallaron escándalos en Suiza y Lichtenstein, donde muchos contribuyentes europeos y estadounidenses escondían sus riquezas personales, mientras explotaban los déficits fiscales nacionales con la crisis mundial.

De pronto, la evasión se volvió intolerable y muchos gobiernos prometieron poner fin al secreto bancario.

Para evitar represalias, muchas de esas jurisdicciones se apresuraron a firmar compromisos para compartir información con otros paraísos fiscales. En teoría, firmar esos acuerdos con 12 países libera a un Estado de ser catalogado como paraíso fiscal.


Pero en la práctica, me cuesta imaginar a los servicios fiscales de Mónaco pidiendo información a los de Lichtenstein para saber si una persona debe o no pagar más impuestos.


Una forma de limitar la evasión corporativa es obligar a dar información, país por país, de los ingresos netos, las ganancias y los impuestos de las empresas.


Pero cuando le pregunté hace poco sobre esto al ministro de Finanzas de Francia, me miró perplejo y me dijo que nunca había oído hablar del tema. Entonces, está claro que limitar la "optimización impositiva" de las grandes corporaciones no está en la agenda del gobierno francés.

IPS: ¿Cómo fue recibido su libro?

XH: Muy bien, una parte de la prensa está interesada y me han invitado a hablar varias veces. No creo que el gobierno comparta ese entusiasmo, pero no me preocupa.


Sin embargo, la investigación y las observaciones que cito, como el trabajo de Raymond Baker, son muy recientes. Son preocupaciones nuevas, y la mayoría de nuestros dirigentes no han oído hablar de ellas.


Les va a costar encontrar el rédito político de poner estos temas sobre la mesa. Estas cuestiones necesitan divulgarse entre el gran público, y eso llevará tiempo.


IAR Noticias - 31 de Marzo de 2010
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26 de marzo de 2010

¿ DE$ENDEUDAMIENTO ?

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BUSCARÁN FONDOS PARA FINANCIAR DÉFICITS Y OBRAS PÚBLICAS

El fin del default: provincias preparan emisiones por u$s 2.000 millones

En las próximas semanas, Buenos Aires buscará u$s 500 millones y la Ciudad, u$s 460 millones. También Córdoba, Chubut y Santa Fe salen al mercado

Inmediatamente después de que la Nación concrete el canje de bonos por u$s 20.000 millones que permanecen en default, un grupo de provincias saldrá a buscar financiamiento al exterior para paliar déficits crecientes y algunas obras de infraestructura. En conjunto, emitirán bonos por más de u$s 2.000 millones, el doble de lo que intentará captar el Ejecutivo nacional junto con la reestructuración...

El Cronista Comercial, 25/3/2010
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15 de marzo de 2010

El legado de Eustace Mullins


"...fue el que se adentró en la conspiración fundamental del sistema, la de la Reserva Federal. Posiblemente muchos hayan oído algo sobre el tema; él fue quien la destapó antes y mejor que nadie. Su libro sobre el tema fue publicado y reeditado varias veces; dicen que se vendieron hasta un millón de ejemplares en total. Pero ningún medio masivo lo mencionó jamás..."


Por Israel Shamir

Eustace Mullins murió en enero 2010. Desde hacía diez años, la noticia había llegado varias veces, y había sido desmentida otras tantas veces; por eso, cuando falleció de veras, se nos pasó. Pero ya sabemos que esta vez es cierto.
Ver >>>

Eustace Mullins fue una personalidad única; discípulo y biógrafo de Ezra Pound, fue el que se adentró en la conspiración fundamental del sistema, la de la Reserva Federal. Posiblemente muchos hayan oído algo sobre el tema; él fue quien la destapó antes y mejor que nadie. Su libro sobre el tema fue publicado y reeditado varias veces; dicen que se vendieron hasta un millón de ejemplares en total. Pero ningún medio masivo lo mencionó jamás, ni lo publicó ningún editor con fama respetable.

Se puede leer en la pantalla (en inglés) acá >>>

Su problemática es bastante complicada, y no vamos a discutir si algunas de sus afirmaciones son ciertas o no, pero el caso es que el tema, incluyendo conspiración o no, sigue siendo candente. En un informe reciente, por Ellen Brown nos enteramos de que “la nacionalización de la Reserva Federal (que no es federal en realidad sino propiedad de un consorcio de bancos privados) la pidieron en 2008 los candidatos presidenciales Dennis Kucinich, demócrata, y Cynthia McKinney, del partido verde. En 2009, el premio Nobel Joseph Stiglitz dijo que el gobierno hubiera hecho mejor financiando un banco de propiedad federal en vez de regalar billones y trillones de dólares a los bancos de inversión privada y el CEO, que se dedicaron a especular hasta la bancarrota. Ellen Brown subraya la actitud de Dakota del norte, el único Estado que tiene banco propio. Y se descubre que otros Estados, e incluso USA en conjunto, están jugando con la idea de librarse de la Reserva Federal. Pero, concluye ella, “la nacionalización de la Reserva Federal se enfrenta a poderosos opositores en el Congreso.”

Es preciso recordar que cualquier cosa contraria a los deseos de Israel también “se enfrenta a poderosos opositores en el Congreso.” Es interesante la coincidencia... ¿o se trata de algo más? En todo caso no era ninguna casualidad para Eustace Mullins, que lo veía como prueba de la influencia judía en la Reserva Federal. Ahí está el corazón de la fiera, pensaba él, y allí está también el corazón de los banqueros judíos.

Como esta posición estaba estrechamente vinculada a Mullins y a posiciones antijudías, incluso de extrema derecha, la izquierda yanki de la posguerra nunca tuvo ganas de hablar contra la Reserva Federal y el sistema bancario en general. Se dedicaron más bien a defender los derechos de las minorías.

En los años 1930, la derecha radical se había posicionado como posible amiga de los industriales y enemiga de los banqueros, que eran generalmente de la banca judía, mientras la izquierda radical estaba en contra de industriales y banqueros a la vez.

Pero desde entonces, las tendencias radicales erraron el camino. Hoy en día, sus herederos de la izquierda suelen condenar el complejo militar industrial como padre de todos los pecados, mientras que la derecha radical se enfurece contra los “comunistas”. Y los bancos se salvaron, lograron quedar fuera del debate.

La crisis financiera que se venía en USA atrajo la atención nuevamente. Hacen demasiado dinero, y se lo quitan a la gente común: éste es un tema en el que derecha e izquierda radicales podrían unirse, es la condena del sistema bancario.

Mucho de lo que escribía Mullins parece anticuado, pero su mensaje principal, dentro de su libro muy importante, sigue relevante: hay que nacionalizar la Reserva Federal antes que la Reserva Federal nos privatice a nosotros.

Traducción: María Poumier
www.israelshamir.net
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14 de marzo de 2010

BATIENDO RECORDS


2009


EE.UU. tuvo un déficit fiscal récord de 1,42 billones de dólares

Estados Unidos marcó un nuevo récord: su déficit fiscal alcanzó los 1,42 billones de dólares (es decir, casi un millón y medio de millones de dólares) en el ejercicio fiscal 2009, que concluyó el 30 de septiembre. El dato más que triplica la también cifra récord alcanzada el año pasado...
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mensual (febrero 2010)

Déficit federal de EEUU llega a cifra récord de 220.900 mdd en febrero

El gobierno federal de EEUU registró un déficit presupuestario récord de 220.900 millones de dólares durante febrero, reportó el día 10 el Tesoro.

Según el reporte mensual presupuestario del departamento, hasta ahora, las pérdidas del año fiscal 2010, que comenzó en octubre de 2009, llegan a los 651.600 millones de dólares, 10,5 por ciento más que el mismo periodo del año pasado cuando el déficit llegó a un nivel sin precedentes de 1,42 billones de dólares...
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2011

EEUU prevé un déficit récord de 1,6 billones en el presupuesto de 2011

La administración Obama presentó el lunes por la mañana al Congreso su presupuesto para el año fiscal que empieza el próximo 1 de octubre. Bajo la presión de una economía aún renqueante, y dos costosas guerras en tierras lejanas, el déficit previsto por el Gobierno alcanza 1,56 billones de dólares, es decir, un 10,6 % del PIB, una cifra récord desde la II Guerra Mundial. Este año, el déficit fue de 1,41 billones, un 9,9% del PIB...
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¿No monitorea el FMI los planes de ajuste?
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1 de marzo de 2010

Enrique Oliva: Apuntes sobre la FED

Apuntes sobre la Reserva Federal
¿Es el mayor poder del mundo?

29 de junio de 1923 - 27 de febrero de 2010

Por Enrique Oliva (*)


Buenos Aires, 22/03/09.- La Reserva Federal, o FED (según su abreviatura en inglés) fue fundada en 1913 a iniciativa del poderoso y tradicional imperio de la banca europea de la familia Rothschild concretando un ambicioso proyecto de conquistar Nueva York con la audaz intención de ganar una posición de fuerza en las finanzas norteamericanas. Con asociados yanquis y europeos, llegó el grupo a constituir el mayor círculo de poder del mundo económico, financiero, político, industrial y de comunicaciones. A casi un siglo de su fundación, en esta crisis busca consolidarse aun más dentro del "capitalismo salvaje". Como en situaciones anteriores, no es descartable la posibilidad de llegar a otra guerra mundial. Ante esta última perspectiva cabe recordar la profecía de Albert Einstein: "No se cómo será la tercera guerra mundial, pero cuarta será con piedras y lanzas".

El proyecto comenzó cuando la Banca Rothschild instaló en Nueva York a un agente llamado Paul Warburg. A través de él se reclutaron fuertes aliados yanquis con empresas de renombre como John Rockefeller I con su Standard Oil Company, el zar de los ferrocarriles Edward Harriman, el magnate del acero Andrew Carnegie, más los banqueros Lehman, John P. Morgan & Co. Kuhn Loeb & Co. y Jacob Schiff.

A ese ramillete, los Rothschild agregaron a sus propios bancos europeos más los de Lazard Frères de París, al citado Paul Warburg como operador en Holanda y Alemania, e Israel Moses Seif de Italia. Siempre encabezados por la familia Rothschild seguida por los Rockefeller, instalaron entre los siglos XIX y XX diversas sucursales en el interior de Estados Unidos de la Federal Reserve Banks (FED) y juntos dieron el gran salto.

Con manejos lobistas nunca bien justificados, lograron en 1913, entre gallos y medianoche, siendo presidente de EEUU Woodrow Wilson, autorización para funcionar como banco central privado. Se le acordó la exclusividad para emitir moneda norteamericana con la garantía del estado. Las entidades financieras fundadoras internacionales ya nombradas, conformaron el directorio, designando primer presidente a Paul Warburg el hombre de los Rothschild.

En las dos guerras mundiales Estados Unidos fue el único país que salió ganancioso de las mismas y el resto de aliados endeudados, sufriendo penosa desocupación y convulsiones sociales. El dólar se convirtió en el rey de los intercambios internacionales, desplazando definitivamente a la inglesa libra de oro, hasta usada como fichas en casinos.

"El oro de reserva por las emisiones de marcos alemanes se convirtió en botín de guerra. Más de 30.000 toneladas del oro universal se acumularon así en Estados Unidos. El oro sirvió de cobertura al dólar. Pero como gran parte estaba haciendo el papel de reserva monetaria en las cajas de los bancos centrales extranjeros, Estados Unidos pudo seguir imprimiendo más dólares, en cantidades que ya no se correspondían con sus reservas en oro...

En 1971, el discutido Richard Nixon, presidente entre 1969 y 1974, anuló la convertibilidad del dólar en oro y, asimismo, la garantía del estado sobre el valor del dólar... Se trata de la moneda privada libre de la FED. Pero la masa monetaria de dólares que la FED pone en circulación (desde marzo 2006 no ha publicado la cantidad de la masa monetaria) se ha convertido en un problema sin solución: la masa mundial de bienes se cuadriplicó durante los últimos 30 años, pero la masa monetaria se multiplicó por 40 ¿cómo funciona este banco privado con derecho a imprimir los dólares? La FED produce dólares. Los presta al gobierno de Estados Unidos a cambio de obligaciones que le sirven a la FED como garantías. Los bancos de la FED en posesión de esos títulos perciben intereses anuales. Muy astutos. ¿No les parece? Ya en 2002, las obligaciones en poder de la FED alcanzaban un valor de 5 TRILLONES de dólares. La FED se hizo de ese increíble patrimonio prestándole dinero al gobierno y los intereses que paga el contribuyente estadounidense siguen aumentando constantemente."

Sin embargo, los controles sobre sus actividades fueron siempre un misterio como sus variadas ampliaciones de facultades. La FED creó las normas de la globalización internacional. Está dirigida como una entidad de capitales privados, por 12 grandes bancos norteamericanos y europeos.

Si se repite que la crisis es la más grande de la historia de la humanidad, no estamos exagerando. El influyente archimillonario yanqui Warren Buffet, refiriéndose a esta nueva calamidad, dice que "Estados Unidos cayó en un precipicio".

Preocupante carencia de información de la FED

Cuando durante 30 años ningún presidente de la Reserva Federal daba una entrevista televisiva, lo hizo el actual Ben Bernanke el 15 de este mes de marzo, en el difundido programa 60 minutos con el periodista Scott Pelley por la cadena CBS. Se mostró muy optimista tratando de trasmitir un mensaje de confianza a los norteamericanos. Predijo que "la recesión terminará pronto, muy probablemente este año"; que "los grandes bancos son solventes". Pero, advirtió: "En un guiño a quienes piensan que la banca debería ser nacionalizada, Bernanke dijo que le preocupaba que pudiera haber una falta de voluntad política para la adopción de nuevas medidas a fin de estabilizar el sistema bancario. La historia nos enseña que uno no puede lograr una recuperación económica sostenida mientras el sistema financiero esté en crisis." (Clarín 17/III/09, nota desde Washington de Ana Barón). ¿Deberá entenderse que se continuará dando dinero a los bancos culpables de errores y delitos en sus operaciones?

Instituciones colaterales de la FED

Prácticamente no hay nada de poder en Estados Unidos y el resto del llamado Mundo Occidental que escape a la influencia de la Reserva Federal. De ella han salido entre otros los proyectos y manejos de instituciones tales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Mundial (BM), Organización Mundial del Comercio (OMC), Grupo de los siete Países más Industrializados (G7), Grupo de los 20 (G20) y una cantidad de organismos de tipo cultural, de investigaciones científicas y educación, en especial con universidades ricas -todas pagas- donde se cultivan jóvenes para servir de gerentes de multinacionales. De estos últimos opinó "Lula" da Silva recientemente: "Estoy cansado de viajar para escuchar a hombres de 30 años enseñando lo que debemos hacer en Brasil, cuando no saben donde queda".

Asimismo tiene a su disposición la FED una red oficial de varios cientos de Organizaciones no Gubernamentales (ONG), manipuladas en parte por los servicios de inteligencia, con rótulos de humanitarias, ecologistas, alfabetizadoras, etc. etc. que han protagonizado frecuentes escándalos de corrupción. Diversos países las han expulsado, como son los casos recientes de Bolivia, Venezuela, Ecuador y Sudán.

La FED y el Pentágono

Entre la FED, el Pentágono y las industrias de guerra existen estrechos vínculos. Manejan los fondos que se imprimen para los gastos de armamentos y controlan el accionar de fuerzas de mercenarias para proteger a multinacionales en la explotación de recursos naturales en países pobres. Para esos sectores, aunque el Congreso pueda a veces rezongar, siempre hay cantidades considerables para sus planes, a pagar por contribuyentes.

En estos momentos, el presupuesto para la defensa de EEUU iguala al del resto de los presupuestos de guerra del mundo. Entre Rusia y EEUU la diferencia es tanta, que Moscú acaba de anunciar un plan de rearme y modernización, incluyendo su arsenal nuclear.

Es un secreto a voces en Washington que el Pentágono se maneja con gran independencia. A pocos días de asumir Barack Obama, la prensa comentó que el nuevo presidente visitó la sede militar "para que le digan toda la verdad sobre la situación en Iraq y Afganistán", permitiendo suponer de esas palabras que algo se le ocultaba.

¿Dos presidentes asesinados por los banqueros?

Abraham Lincoln, en plena Guerra de Secesión consideró abusivas las condiciones que le imponían los bancos privados para prestarle dinero que ellos imprimían. Entonces decidió emitir por intermedio del estado y con la garantía de éste. Pero fue asesinado el 15 de abril de 1865 de un tiro en la cabeza.

"El presidente John F. Kennedy fue el primero que trató de transformar la FED suscribiendo un decreto presidencial (executive order number 11.100). Poco después fue asesinado en Dallas (Texas) el 22 de noviembre de 1963, probablemente por su propio servicio de inteligencia. Lo primero que hizo su sucesor, Lyndon Johnson, en el avión presidencial que lo traía a Washington desde Dallas, fue anular el decreto de Kennedy. ¿Cuál es la situación actual? Los bancos privados tratan por todos los medios de mantener y reforzar su gigantesca fuente de ingresos: el dólar. Y los países que quieren establecer sus relaciones comerciales internacionales (en adelante) sobre la base del euro, como Iraq, Irán o Venezuela, se los tilda de terroristas." Y Rusia ha empezado a operar en rublos.

Aquel 22 de noviembre, dentro del avión presidencial, antes de partir rumbo a Washington con el cadáver de Kennedy, el mundo pudo ver por televisión a Lyndon Johnson jurando como nuevo presidente ante un juez de Dallas. Junto a él estaba Jacqueline Kennedy (con el rostro desencajado y la ropa con grandes manchas de sangre de su esposo). Terminada la corta ceremonia, de inmediato se cerró la puerta del avión y emprendió el regreso a la capital. Y Johnson llegó a Washington con su decreto sobre el "salvataje" de la FED y el cadáver de Kennedy.

Nota:
Este artículo ha seguido en parte el trabajo divulgado por la Red Voltaire, quien lo tradujo al español de la versión francesa de Horizontes y Debates. Los párrafos entre comillas son transcripciones textuales de la misma fuente.


(*) CEES (Centro de Estudios Estratégicos Suramericanos).

Fuente:
Rebanadas de Realidad

26 de febrero de 2010

Letonia: El camino de la servidumbre




El camino a la servidumbre de Letonia
(no sólo Grecia tiene problemas)

Michael Hudson · Jeffrey Sommers
21/02/10

"Han pasado dos décadas desde la introducción del orden neoliberal, y los resultados no pueden ser más desastrosos, pudiéndose considerar un crimen contra la humanidad. No ha habido crecimiento económico. Los activos soviéticos están gravados con deuda. No es así cómo la Europa occidental se desarrolló tras la Segunda Guerra Mundial, o incluso anteriormente (o China más recientemente). Estos países siguieron el esquema clásico de protección de la industria doméstica, gasto en infraestructura pública, fiscalidad progresiva, y prohibiciones legales contra el tráfico de influencias y el saqueo; todo lo que constituye anatema para la ideología neoliberal del mercado libre."

Mientras la mayoría de los medios de comunicación hacen hincapié en la gravedad de las dificultades que atraviesa Grecia (y también España, Irlanda y Portugal) en el contexto europeo, apenas se han hecho eco de la crisis mucho más severa, devastadora y potencialmente letal que azota las economías postsoviéticas vinculadas al plan de integración en la eurozona.
No cabe duda de que este silencio se debe a que lo sufrido en estos países constituye una prueba sumaria del horror destructivo del neoliberalismo, así como de la política europea consistente en tratar a estos países de forma bien distinta a la prometida, no ayudándoles a desarrollarse en términos europeos occidentales, sino meramente como áreas prestas a ser colonizadas como mercados financieros y de exportación, despojándolas de sus plusvalías económicas, de su mano de obra calificada –y prácticamente de toda su fuerza laboral en edad de trabajar–, de sus bienes raíces y edificios, y de cualquier otra cosa heredada de la era soviética.

Letonia ha experimentado una de las peores crisis económicas de las acaecidas en todo el mundo. Y no se trata sólo de una cuestión económica, sino también demográfica. La disminución brusca de su Producto Interior Bruto (PIB) en un 25'5% en los dos últimos años (casi un 20% solamente en el último) ya constituye la peor caída bianual de la que se tiene registro. Las previsiones más halagüeñas del Fondo Monetario Internacional (FMI) anticipan una caída adicional del 4%, lo cual haría que el hundimiento de la economía letona superara en cifras a las de la Gran Depresión de Estados Unidos. Pero las malas noticias no acaban aquí. El FMI prevé que en el 2009 haya habido un déficit total en la cuenta de capital y financiera de 4.200 millones de euros, a los que se añadirán 1.500 millones más (el 9% del PIB) en 2010.

Además, el sector público letón acumula deuda rápidamente. Letonia ha pasado de tener una deuda que en 2007 representaba el 7'9% del PIB a una proyección para este año cercana al 74%; la previsión indica que, en el mejor escenario posible, se estabilizaría en el 89% en 2014. Esto situaría al país muy lejos de los requisitos impuestos por [el Tratado de] Maastricht sobre los límites de deuda pública para poder formar parte del euro. Por eso, lograr la entrada en la eurozona ha sido el principal pretexto utilizado por el Banco Central de Letonia para justificar las dolorosas medidas de austeridad que permitan estabilizar el valor de la moneda. Para mantener el valor de la moneda se han dedicado ingentes cantidades de reservas monetarias que de otro modo se habrían podido invertir en la economía del país.

Aún así, en los países occidentales no parece que nadie se esté preguntando qué puede haber provocado este grave quebranto a Letonia, que es extensible al resto de economías bálticas y otras áreas postsoviéticas, pero más extremo en el caso letón. Ahora que se cumplen casi veinte años de su liberación en 1991 de la vieja URSS, difícilmente puede achacarse la causa de sus problemas únicamente al sistema soviético. Ni siquiera puede culparse solamente a la corrupción, que sin duda constituye una herencia del periodo de disolución de la URSS, aunque ésta se haya engordado, intensificado e incluso promovido en la modalidad cleptocrática de rapiña que ha proporcionado pingües beneficios a banqueros e inversores occidentales. Fueron los neoliberales occidentales quienes financiaron estas economías gracias a las "reformas favorables a los negocios" que recibieron el aplauso entusiasta del Banco Mundial, Washington y Bruselas.

Es evidente que cabría desear una menor corrupción (pero, ¿en quién más confiarían los occidentales?); sin embargo, reducirla drásticamente quizá no haría más que colocar al país en la misma senda recorrida por Estonia hacia el sistema de sujeción de peonaje por (euro)deudas. Esta área báltica vecina también ha sufrido un aumento descomunal del desempleo, una fuerte reducción del crecimiento, un serio deterioro de los estándares de salud y emigración, en lacerante contraste con lo ocurrido en Escandinavia y Finlandia.

Joseph Stiglitz, James Tobin y otros prominentes economistas occidentales han empezado a contar que hay aspectos radicalmente negativos en el orden financiero importado por los hombres de negocios occidentales tras el colapso soviético. Ciertamente, el camino emprendido por Europa occidental tras la Segunda Guerra Mundial no fue el de la economía neoliberal. Sin embargo, el nuevo experimento báltico tiene el antecedente del ensayo general impuesto a punta de fusil por los Chicago Boys en Chile. En Letonia los asesores procedían de Georgetown, pero la ideología era la misma: desmantelar el sector público e influir internamente en los procesos de decisión política.

Para la aplicación postsoviética de este cruel experimento, la idea era que los bancos occidentales, los inversores financieros y, señaladamente, los economistas del "mercado libre" (así llamados puesto que se desprendieron de la propiedad pública, la liberaron de cargas fiscales y dieron un nuevo significado al término free lunch [beneficios sin contrapartidas]) tuvieran carta blanca en la mayor parte del bloque soviético para rediseñar economías enteras. Por cómo acabó la cosa, parece que todos los diseños fueron el mismo. Los nombres de los individuos eran distintos, pero la mayoría estaban vinculados a, y financiados por, Washington, el Banco Mundial y la Unión Europa. Y, puesto que los patrocinadores eran las instituciones financieras occidentales, no deberíamos sorprendernos demasiado de que acabaran imponiendo un diseño que redundara en su interés financiero.

Se trató de un plan que ningún gobierno democrático occidental habría podido aprobar jamás. Se repartieron las empresas públicas a individuos cuya misión era venderlas rápidamente a inversores occidentales y a oligarcas locales que transferirían su dinero de forma segura a paraísos fiscales occidentales. Para tapar estos procedimientos se crearon sistemas impositivos locales que permitieron a los grandes clientes tradicionales de los bancos occidentales –los monopolios sobre los bienes raíces y sobre las infraestructuras naturales– quedar prácticamente libres de pagar impuestos. Esto permitió que sus rentas y su fijación monopolística de precios quedaran "libres" y pudieran revertir a bancos occidentales en forma de pagos de intereses, en vez de estar sujetos a impuestos interiores que se destinaran a la reconstrucción de estas economías.

En la Unión Soviética apenas había bancos comerciales. En vez de ayudar a estos países a crear sus propios bancos, Europa occidental promovió que sus bancos ofrecieran crédito y cargaran estas economías con intereses (siempre en euros y otras monedas fuertes para garantía de los bancos). Esto constituyó una violación del primer axioma de las finanzas: nunca emitas deuda nominada en una moneda fuerte cuando tus ingresos vayan a serlo en una más débil.

Pero, como en el caso de Islandia, Europa prometió a estos países que les ayudaría a integrase en el euro mediante políticas adecuadas. Las "reformas" consistieron en mostrarles cómo trasladar los impuestos sobre los negocios y los bienes raíces (los principales clientes de los bancos) al trabajo, no sólo como impuesto fijo sobre los ingresos, sino como un impuesto fijo de "servicios sociales"; de acuerdo con éste, la Seguridad Social y los servicios sanitarios no se proveen a partir de fondos procedentes del presupuesto general articulado básicamente a partir de un sistema fiscal global progresivo, sino que los trabajadores pagan una cuota de usuario para dichos servicios.

A diferencia de los países occidentales, no existían impuestos sobre la propiedad relevantes. Esto obligó a los gobiernos a gravar a los trabajadores y a las empresas. A diferencia de los países occidentales, no había impuestos progresivos o sobre la riqueza. De media, Letonia tenía el equivalente a un impuesto fijo sobre el trabajo del 59%. (¡Los líderes del Congreso de Estados Unidos y sus lobistas solamente pueden concebir en sueños un impuesto sobre el trabajo tan punitivo que liberaría de controles a sus principales contribuyentes en las campañas electorales!). Con un impuesto como éste, las economías europeas no tenían nada que temer de las economías que emergieron libres de impuestos, pues al traspasar los gravámenes sobre las propiedades a cargas sobre el trabajo disminuyeron los costes de la vivienda y de la deuda. Estas economías fueron envenenadas desde el principio. Esto es lo que hizo de ellas tan de "mercado libre" y tan "abiertas a los negocios" desde el punto de vista de la ortodoxia económica occidental actual.

Al perder la capacidad para gravar los bienes raíces y otras propiedades –e incluso para imponer una fiscalidad progresiva sobre los tramos de renta más altos– los gobiernos se vieron abocados a fijar tasas impositivas al trabajo y a la producción industrial. Esta filosofía de desplazamiento de la carga fiscal aumentó de forma súbita el precio del trabajo y del capital, haciendo que la industria y la agricultura de las economías neoliberalizadas fueran tan caras como para no poder competir con la "vieja Europa". De este modo, las economías postsoviéticas se convirtieron en zonas de exportación para las industrias y los servicios bancarios de la vieja Europa.

La Europa occidental se ha desarrollado mediante la protección de su industria y de su trabajo, gravando las rentas de la tierra y otros beneficios que no tienen contrapartida en un necesario coste de producción. Las economías postsoviéticas "liberaron" este beneficio para que acabara en forma de pago a los bancos de la Europa occidental. Estas economías –que no soportaban deudas en 1991– empezaron a endeudarse en monedas fuertes, no en las suyas. Los créditos de los bancos occidentales no se utilizaron para mejorar su inversión de capital, la inversión pública y los niveles de vida. El grueso de los créditos se concedió fundamentalmente con la garantía de activos existentes heredados del periodo soviético. Si bien hubo un fuerte crecimiento de nuevas construcciones de bienes inmuebles, la mayora parte de éstas tienen hoy un valor inferior al inicial. Y los bancos occidentales están demandando que Letonia y los demás países bálticos paguen aún más exprimiendo el beneficio económico mediante subsiguientes "reformas" neoliberales que amenazan con gravar aún más al trabajo mientras sus economías se contraen y la pobreza aumenta.

El patrón consistente en una cleptocracia instalada en las altas esferas y una fuerza laboral endeudada –con índices de sindicación muy bajos o nulos, y escasa protección en el lugar de trabajo– ha sido aplaudido como un modelo propiciador de la actividad económica que debería ser emulado en todo el mundo. Las economías postsoviéticas estaban claramente "subdesarrolladas", lejos de poder producir bienes con un alto valor añadido, y generalmente incapaces de competir en igualdad condiciones con sus vecinos occidentales.

El resultado ha sido un experimento económico a todas luces enloquecido, una distopía cuyas víctimas ahora son señaladas como culpables. La ideología neoliberal de la erosión sistemática y a gran escala –aparentemente a punto de ser aplicada en Europa y Norteamérica mediante una retórica igualmente optimista– resultó económicamente tan devastadora que es equiparable a lo que habría ocurrido si estos países hubiesen sido invadidos militarmente. De modo que ha llegado el momento de empezar a preocuparse seriamente sobre si lo ocurrido en los países bálticos puede constituir un ensayo general de lo que estamos a punto de ver en los Estados Unidos.

Hoy, en los países bálticos la palabra "reforma" tiene una connotación negativa, como la tiene en Rusia. Significa un regreso a la dependencia feudal. Pero, mientras que los señores feudales de Suecia y Alemania regían sobre sus siervos por el poder que les otorgaba de la propiedad de la tierra, hoy controlan los países bálticos mediante los créditos hipotecarios concedidos en moneda extranjera, que están avalados con los bienes raíces de toda la región.

El peonaje por deudas ha sustituido a la servidumbre completa. La cuantía de las hipotecas excede el valor de mercado de los bienes, el cual se ha desplomado entre el 50 y el 70% en el último año (dependiendo del tipo de vivienda), y también sobrepasa la capacidad de los propietarios de las viviendas para hacer frente a los pagos. El volumen de la deuda nominada en moneda extranjera también sobrepasa en mucho lo que estos países pueden ingresar mediante la exportación de los productos de su trabajo, industria y agricultura a Europa (que apenas desea realizar importaciones) o a otras regiones del mundo en las que los gobiernos democráticos están comprometidos con la protección de su fuerza laboral, a no venderla y someterla a programas de austeridad sin precedentes (todo en el nombre de los "mercados libres").

Han pasado dos décadas desde la introducción del orden neoliberal, y los resultados no pueden ser más desastrosos, pudiéndose considerar un crimen contra la humanidad. No ha habido crecimiento económico. Los activos soviéticos están gravados con deuda. No es así cómo la Europa occidental se desarrolló tras la Segunda Guerra Mundial, o incluso anteriormente (o China más recientemente). Estos países siguieron el esquema clásico de protección de la industria doméstica, gasto en infraestructura pública, fiscalidad progresiva, y prohibiciones legales contra el tráfico de influencias y el saqueo; todo lo que constituye anatema para la ideología neoliberal del mercado libre.

Lo que se ha evidenciado de forma descarnada son los supuestos subyacentes del orden económico mundial. En el centro de la crisis actual de la teoría económica y de la política económica cobran interés las olvidadas premisas y conceptos directrices de la economía política clásica. George Soros, Stiglitz y otros hablan de una economía global de casino (en la que ciertamente se ha enriquecido Soros jugando), habiéndose desgajado la economía financiera del proceso de creación de riqueza. El sector financiero cada vez es más preeminente, con una creciente capacidad de detraer recursos de la economía real de bienes y servicios.

Ésta era la preocupación de los economistas clásicos cuando se concentraron en el problema de los rentistas, propietarios de bienes con privilegios especiales cuyos beneficios (que no tenían la contrapartida de asumir coste productivo alguno) constituían de facto un impuesto sobre la economía (en este caso, cargándola con deudas). Los economistas clásicos se dieron cuenta de la necesidad de subordinar las finanzas a las necesidades de la economía real. Ésta fue la filosofía que guió la regulación bancaria en Estados Unidos en la década de 1930, y fue la que siguieron Europa occidental y Japón desde la década de 1950 a la de 1970 para promover la inversión manufacturera. En vez de establecer fuertes controles sobre la capacidad del sector financiero para realizar actividades especulativas, los Estados Unidos eliminaron estas regulaciones en la década de 1980. Mientras en 1982 los beneficios después de impuestos de la banca estadounidense significaron menos del 5% del total, en el año 2007 ascendieron a un insólito 41%. En efecto, esta actividad de suma cero constituyó un "impuesto" indirecto sobre la economía.

Junto con la reestructuración financiera, el otro aspecto importante del juego de herramientas clásico era la política fiscal. El objetivo era retribuir el trabajo y crear riqueza, y recoger los beneficios resultantes (free lunch) de las economías sociales "externas" como base impositiva natural. Esta política fiscal tenía la virtud de reducir las cargas sobre el ingreso (salarios y beneficios). Se entendía que la tierra era un bien natural sin coste laboral de producción (y por eso sin valor de coste). Pero en vez de convertirla en la base impositiva natural, los gobiernos han permitido que los bancos la carguen con deudas, transformando el aumento del valor de la renta de la tierra en intereses a pagar. En terminología clásica, el resultado es un impuesto financiero sobre la sociedad (un beneficio que se suponía que la sociedad recogía como un impuesto básico para reinvertirlo en infraestructura económica y social con el fin de enriquecer al conjunto de esa sociedad). La alternativa ha sido fijar impuestos sobre la tierra y el capital industrial. Y a aquello a lo que han renunciado los recaudadores de impuestos, ahora los bancos lo cobran en forma de precios más altos de la propiedad del suelo –un precio por el que los compradores pagan un tipo de interés hipotecario.

La economía clásica podría haber predicho los problemas de Letonia. Sin freno alguno sobre las finanzas, sin regulación de los precios monopolísticos, sin protección industrial, con la privatización del dominio público para crear "economías con sistemas de peaje" y con una política fiscal que empobrece a los trabajadores y al capital industrial mientras recompensa a los especuladores, la economía de Letonia apenas ha visto algún tipo de crecimiento económico. Lo que sí se ha logrado –y que ha recibido el aplauso entusiasta desde los países occidentales– ha sido una actitud favorable para anotar deudas enormes para subsidiar su desastre económico. Letonia tiene muy poca industria, una agricultura muy poco modernizada, pero sí puede exhibir más de 9.000 millones de lati en deuda privada; una deuda que hoy corre el riesgo de pasar a figurar en los balances del presupuesto público, igual como ocurrió con el rescate de los bancos de Estados Unidos.

En caso de que este crédito se hubiera empleado con fines productivos para levantar la economía letona, podría haber sido algo aceptable. Pero fue básicamente improductivo, contribuyó a exacerbar la inflación de precios del suelo y el consumo suntuario, reduciendo a Letonia a un Estado cercano a la servidumbre por deudas. En lo que Sarah Palin llamaría una hopey-change thing [peyorativamente, propuesta irrealista cargada de buenas intenciones, a partir del eslogan hope and change de la campaña de Barack Obama de 2008. N del t.], el Banco de Letonia sugiere que el momento más grave de la crisis ya ha pasado. Finalmente, las exportaciones han empezado a aumentar, pero la economía aún pasa por una situación desesperada. Si persiste la tendencia actual no habrá nuevos letones para heredar recuperación económica alguna. El desempleo se mantiene por encima del 22%. Decenas de miles de ciudadanos han abandonado el país, y otras decenas de miles han decidido no tener hijos. Es una respuesta natural al hundimiento del país bajo una deuda pública y privada de miles de millones de lati. Letonia no está en la trayectoria adecuada para alcanzar los niveles de riqueza occidentales, y no tiene escapatoria a continuar por la senda de su actual política fiscal neoliberal regresiva, contraria a los trabajadores, a la industria y a la agricultura, que le ha sido impuesta de forma tan coercitiva desde Bruselas como condición para el rescate del Banco Central de Letonia, con el fin de que éste pueda pagar a los bancos suecos que han realizados este tipo de créditos improductivos y parasitarios.

Albert Einstein dijo que "[es] una locura realizar la misma cosa una y otra vez esperando resultados distintos". Letonia ha aplicado una y otra vez durante casi 20 años el mismo Consenso de Washington "pro occidental", con resultados cada vez peores, que a fin de cuentas han sido catastróficos para el sector público, los trabajadores, la industria y la agricultura. La tarea fundamental actual consiste en liberar a la economía letona de su camino neoliberal hacia la neo-servidumbre. Se podría pensar que la senda elegida podría ser la trazada por los economistas clásicos del siglo XIX, que condujo a la prosperidad que podemos ver en los países occidentales y también actualmente en el Este asiático. Pero esto requeriría un cambio en la filosofía económica; lo cual conllevaría un cambio profundo en la articulación del sector público y de la gobernación.

La cuestión es cómo responderán Europa y los demás países occidentales. ¿Admitirán su error? ¿O no sentirán ni un ápice de vergüenza? Los signos actuales no son alentadores. Los occidentales piensan que el trabajo no se ha empobrecido lo suficiente, la industria no está suficientemente devastada y el paciente económico aún no ha sido suficientemente desangrado.

Si éste es el mensaje que Washington y Bruselas están lanzando a los países bálticos, ¡imaginen qué están a punto de hacerles a las gentes de sus propios países!

(*) Michael Hudson trabajó como economista en Wall Street y actualmente es Distinguished Professor en la University of Misoury, Kansas City, y presidente del Institute for the Study of Long-Term Economic Trends (ISLET). Es autor de varios libros, entre los que destacan: Super Imperialism: The Economic Strategy of American Empire (nueva ed., Pluto Press, 2003) y Trade, Development and Foreign Debt: How Trade and Development Concentrate Economic Power in the Hands of Dominant Nations (ISLET, 2009). Jeffrey Sommers es codirector del Baltic Research Group en el ISLET y profesor visitante en la Stockholm School of Economics, en Riga.

Traducción para
www.sin permiso.info: Jordi Mundó
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